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La polémica está instalada. La bandera de los que apoyan los transgénicos flamea y aseguran que tienen la respuesta para mejorar los rendimientos y dar competitividad al agro boliviano, mientras los que miran de reojo y con desconfianza a las semillas genéticamente modificadas, se apoyan en la producción convencional y ecológica a la que consideran la respuesta para una producción sana y de calidad internacional.

Juvenal Bonilla, presidente del Colegio de Agrónomos de Santa Cruz, sostuvo que técnicamente pueden convivir los sistemas de producción convencionales, orgánicos o ecológicos y los transgénicos, y que la elección va a depender del producto a cultivar y de las zonas de siembra.

Bonilla explicó que el rendimiento de la producción nacional de maíz se ubica entre las 2 y 4 toneladas por hectárea, cuando en Brasil y Argentina, los rendimientos son de 5,5 y hasta 8 toneladas por hectárea, respectivamente, por lo que considera que limitar la producción solamente a las semillas nativas es seguir fomentando que los pequeños y medianos productores sean incompetentes y siembren a pérdida.

Similar criterio tuvo el agrónomo Jorge Espada, que ve en la biotecnología la posibilidad de mejorar los márgenes de ingreso para la pequeña y mediana propiedad agrícola; que no debe solo apostar por las semillas tradicionales por la baja producción.

Gonzalo Colque, director nacional de la Fundación Tierra, hizo notar que existen estudios nacionales e internacionales que ponen en duda que los transgénicos son sinónimo de mayor rendimiento y producción.

Para Colque, el problema mayor es que la agricultura boliviana está en una crisis estructural cuya solución pasa por un paquete integral de medidas agropecuarias, incluyendo el desarrollo y adopción de tecnologías, servicios agropecuarios e infraestructura pre y poscosecha, hasta programas estratégicos sectoriales para mejorar la agroexportación.

Algunas alternativas

Colque enfatizó que la alternativa para avanzar y no quedarnos solo en un visión dual entre lo ecológico y lo transgénico es lograr un pacto agropecuario y adoptarlo como una política de Estado de alta prioridad.

“Entre los países de la región somos el país con peor desempeño en rendimientos, productividad, diversificación en agroexportación y una alta dependencia de insumos agrícolas importados”, sostuvo Colque.

Es una crisis generalizada que está endeudando a los grandes y pequeños productores por igual. “La semilla transgénica es ‘una aspirina pasajera’ para un problema mayor que debemos tomar en serio los bolivianos”, dijo.

Subrayó que no se puede desconocer el poder y la variedad de las semillas convencionales que en gran medida son responsables de la seguridad alimentaria; sin embargo, seguir manteniendo una mirada solo endógena de la producción nacional, considera que es la mejor opción.