Las medidas adoptadas por el Gobierno para enfrentar la escasez de dólares generan efectos mixtos en la economía boliviana. Así lo afirmó el economista Fernando Romero, quien señaló que las disposiciones apuntan a estabilizar el sistema financiero y recuperar confianza, aunque advirtió que son insuficientes para resolver la crisis cambiaria de fondo.
Romero explicó que la autorización gradual para el retiro de depósitos en dólares tiene un efecto positivo inicial, al contribuir a restablecer parcialmente la confianza en el sistema financiero, tras más de dos años marcados por restricciones y temores de un “corralito bancario”.
Según el analista, la medida envía una señal de que tanto el Gobierno como las entidades financieras responderán, aunque de forma progresiva, a la demanda de divisas, evitando retiros masivos y desordenados.
Además, indicó que esta política permite reinsertar dólares al circuito formal, lo que mejora la liquidez del sistema. Sin embargo, advirtió que su éxito dependerá de la seguridad económica y jurídica que brinden el Banco Central y el sistema financiero nacional.
No obstante, el economista alertó sobre riesgos importantes. Señaló que estas medidas pueden presionar aún más las reservas internacionales si no existe respaldo suficiente, en un contexto en el que las divisas disponibles son limitadas y las transferencias netas externas han sido negativas en los primeros meses del año.
También advirtió sobre el riesgo de una “corrida diferida”, ya que la liberación de dólares podría elevar la demanda de efectivo si no se consolida la confianza.
Devolución
Romero también cuestionó el carácter gradual del esquema de devolución de depósitos, al considerar que puede generar incertidumbre. Explicó que, con límites como el retiro inicial de 3.000 dólares, los ahorristas con montos mayores podrían tardar más de un año en disponer completamente de sus recursos, lo que implica un costo de oportunidad que, según dijo, no está siendo asumido por el sistema financiero.
En cuanto a la normalización de remesas al tipo de cambio oficial, el economista señaló que la medida tiene el potencial de formalizar los flujos de divisas, reducir el uso del mercado paralelo y mejorar la seguridad para los usuarios. Sin embargo, advirtió que el tipo de cambio oficial sigue siendo poco atractivo, lo que podría desincentivar el uso del sistema formal si la brecha cambiaria se mantiene elevada.
En ese sentido, consideró que el uso de un tipo de cambio referencial variable es un avance, aunque también implica riesgos si este pierde competitividad frente al mercado paralelo. A su juicio, mientras persista una alta diferencia entre ambos mercados, el impacto de estas medidas será limitado en el corto plazo.
El analista subrayó que las disposiciones adoptadas son de carácter coyuntural, ya que no corrigen los desequilibrios estructurales de la economía boliviana, como el déficit fiscal, la baja inversión extranjera, la caída de exportaciones y la disminución de reservas internacionales. “Son medidas que buscan administrar la escasez de divisas, no generarlas de forma sostenida”, sostuvo.
En su evaluación general, Romero afirmó que las acciones del Gobierno son correctas en intención, pero insuficientes en magnitud y alcance. “Atacan los síntomas, como la falta de liquidez y la desconfianza, pero no las causas estructurales de la crisis cambiaria”, señaló.
En su criterio, sin reformas profundas en el tipo de cambio, el sector externo y la disciplina fiscal, el problema de divisas persistirá y las medidas actuales solo permitirán ganar tiempo.
En esa línea, planteó una serie de recomendaciones estructurales para mejorar la liquidez de divisas y equilibrar el mercado cambiario. Entre ellas, propuso una reforma cambiaria gradual y creíble que incluya ajustes ordenados del tipo de cambio mediante bandas, con el objetivo de reducir la brecha con el mercado paralelo y evitar distorsiones que desincentivan exportaciones y remesas.
Asimismo, recomendó avanzar en una consolidación fiscal real, basada en la reducción del gasto corriente improductivo, la revisión de subsidios —especialmente en hidrocarburos— y una mejora en los ingresos sin afectar al sector privado.
El economista también sugirió impulsar de manera agresiva las exportaciones, mediante incentivos a sectores generadores de divisas como la agroindustria, la minería y la energía, además de eliminar restricciones que limitan las ventas externas.
Otra de las claves, según Romero, es atraer inversión extranjera, lo que requiere garantizar seguridad jurídica, revisar normativas en sectores estratégicos y promover asociaciones público-privadas efectivas.