27 de octubre de 2022, 4:00 AM
27 de octubre de 2022, 4:00 AM


La única explicación que tenemos es que el diablo permanezca rondando aún por la Casa Grande del Pueblo, para que se haya aprobado ese imprudente decreto 4760, que tantos dolores de cabeza le está dando al Gobierno y que tanta pérdida nos produce a los cruceños, que se traslada a la economía depauperada del pueblo. El hálito fétido del demonio inundó la sala donde sesionaba el presidente Arce con su tribu ministerial, y cuando el mandatario ordenó la redacción del 4760, Satanás se plantó detrás del escribidor y le envolvió el cuello con su cola o lo empujó con su falo, para hacer parir semejante engendro (con perdón, no es mi estilo).

El D.S. 4546 disponía que el Censo Nacional de Población y Vivienda se realizaría el 16 de noviembre de este año y dejaba despejados todos los detalles y necesidades para el efecto. Pero, de pronto, sucedió un vuelco inesperado y se aprobó el D.S. 4760 (el del diablo) donde, sin ninguna explicación, se postergaba el censo por un año y medio, es decir de noviembre de 2022 a mayo o junio del 2024. Esto significa, simple y llanamente, que Santa Cruz no tendrá los recursos económicos que le corresponden hasta no sabemos cuándo, ni sus escaños, pero, lo peor, que se mantendrá el padrón electoral con que el MAS ha venido haciendo fraude desde hace siquiera tres elecciones consecutivas y que quiere repetir el 2025. Eso, en buen romance, se llama joder (con perdón).

Está claro que esta situación no solo afecta a Santa Cruz, sino que a todo el país. Sin embargo, han sido los cruceños quienes primero se dieron cuenta del peligro que se cierne y le han pedido esclarecimientos al Gobierno masista. Hubo dos paros de protesta por el abuso gubernamental, y, ante su sordera absoluta, se convocó a un cabildo multitudinario a los pies del Cristo Redentor, que determinó lo que era lógico: censo el año 2023, y recursos, curules, y padrón, hasta mediados del 2024. Es decir, no dejarnos tomar el pelo nuevamente. Ni Santa Cruz, ni los demás departamentos que se van sumando, están dispuestos a que el Estado Plurinacional vuelva a embolsillarse el dinero que es de todos y nos manipule con sus trampas electorales. Aunque pueden manipular para el suicida propósito de afectar a la industria cruceña.

El cabildo mandó que en vista de la imposibilidad de realizar el censo en la fecha fijada por el D.S. 4546, el 16 de noviembre, éste se llevara a cabo el 2023 o de lo contrario se convocaría a un paro indefinido. El Gobierno, engreído, simuló no darse por enterado hasta que observó que el paro indefinido era inminente. Recién entonces envió a dos ministros y al portavoz, para tratar de explicar lo inexplicable, que es lo que el diablo les había hecho. Las consabidas mentiras y picardías de los funcionarios masistas, esta vez no pasaron. 

El Comité Interinstitucional cruceño no lo permitió. Es lamentable, pero los oficialistas recibieron un merecido plantón y el paro está en marcha, pese a que todos lo hemos lamentado mucho. Pierde Santa Cruz – los ricos y los pobres – y pierde la nación. Perderán los empresarios cruceños, puede que haya escasez de productos esenciales en la ciudad, pero también habrá hambre en el resto del país o se encarecerán los alimentos porque deberán ser importados. Tanto peor si la política masista se encamina a paralizar a la industria de Santa Cruz, que, aunque parezca absurdo, siempre ha estado en su mente. Habremos entrado en la ley de la selva. Nadie duda de que cuanto antes se levante esta situación tanto mejor, pero no será posible si no se llega a un acuerdo por lo menos equitativo.

El Gobierno afirma que podría adelantar la gran encuesta para abril del 2024 y tener los resultados preliminares (recursos entre otros) para el último trimestre de ese año. Si es así, si los demás departamentos están exigiendo también el censo en el 2023, ¿por qué no hacerlo en el ultimo trimestre del 2023? ¿Y por qué no tener los resultados a mediados del 2024? ¿Qué es eso de realizar más reuniones técnicas cuando todos saben cómo se hace un censo? ¿Y el INE para qué sirve? “Censo con consenso”, dicen, cuando lo que se necesita es censo con seso.

Ya están diciendo por ahí –lo ha dicho el propio presidente– que desde Santa Cruz el gobernador Camacho y la derecha (siempre Camacho y la derecha para todo lo malo) están queriendo reeditar otro noviembre de 2019, lo que los masistas llamaron “golpe”. No hay nada de eso; aquí solo queremos el censo con seso y el próximo año. Las demandas están creciendo en ese sentido y se pueden hacer incontrolables, porque se sabe que el MAS quiere apoltronarse eternamente en el poder.

Pero que el presidente Arce no se preocupe, porque él no tiene motivo para huir como Evo Morales, asustado porque lo pillaron trampeando. Arce Catacora tiene que arreglar las cosas lo más rápido que se pueda, aprobar un nuevo D.S. que disponga el censo para dentro de un año; es decir a noviembre del 2023. Y que para julio o agosto del 2024 se sepa cuántos bolivianos somos, cuántas mujeres y varones hay, cómo vivimos, cuánto nos corresponde en recursos económicos, cuántos son nuestros curules, y tener un nuevo padrón electoral. Bolivia entera lo agradecerá.

Se habrá terminado el malestar político, la amenaza del desabastecimiento alimentario que es probable, el peligro de más muertes, las reuniones soporíferas, irritables e inútiles, y quiera Dios que podamos ufanarnos de que la cola y el pito del diablo esta vez no triunfaron.

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