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26 de octubre de 2022, 4:00 AM
26 de octubre de 2022, 4:00 AM

Por Gilberto Rueda Esquivel, profesor de Filosofía

El país debe todavía reconocimiento a sus héroes del Chaco. Aprovecho estas líneas para recordar a uno de ellos que, además, fue un hombre de letras, dato no menor y que acrecienta la figura del personaje. Casto Quezada Palma, periodista, poeta, actor y escritor cruceño, afincado en Oruro, nació en Vallegrande –provincia cruceña– el 6 de abril de 1902, donde pasó sus primeros años, para luego ser enviado a Santa Cruz de la Sierra, para que realice sus estudios de secundaria en el colegio Nacional Florida, de donde egresó como bachiller en 1921, como el estudiante destacado de ese año, junto a Dionisio Foianini.

Rápidamente pasó a ejercer el periodismo, volviendo a su ciudad natal, donde trabajó en el periódico vallegrandino Reflejos y formó parte del Círculo Claridad –junto a Remberto Prado, Hernando Sanabria, entre otros– ente cultural que aglutinó a la juventud vallegrandina que buscaba expresarse a través del teatro, la literatura y la gestión cultural, dedicando además parte de su tiempo para la docencia en una escuela vallegrandina. De allí volvió a mediados de los años veinte a la ciudad de Santa Cruz, donde trabajó en el diario La Unión y enviaba sus trabajos al periódico paceño La Tribuna.

En 1929 pasó a Oruro, donde se afincó, trabajando en los periódicos La Patria y Crítica, sin embargo, continuaba enviando sus artículos para La Unión, trabajando como corresponsal de prensa. En Oruro nacerá su seudónimo Licenciado Vidriera, para firmar sus artículos de opinión en La Patria, adquiriendo gran popularidad su columna Nimiedades. Asistió al primer Congreso Nacional de Periodistas, realizado en Oruro, en 1929, gozando ya de gran fama como fino escritor y periodista comprometido con la cultura.

En Oruro formó parte del grupo de La Patria, junto a Fernando Loayza Beltrán, Ramón y Rafael Ulises Peláez, Dinko Garafulik, Luis Mendizábal Santa Cruz, Carlos Beltrán Morales, Eduardo Ocampo Montoso, Ernesto Vaca Guzmán, Rodolfo Salamanca Lafuente, Jorge Salinas, Adela de Tezanos Pinto, Aurora Ibáñez Abastoflor y el poeta chileno Juan Guzmán Cruchaga, entre otros, todos periodistas y escritores comprometidos con la cultura.

Quezada Palma llegó a ser director de La Patria, en 1930; más tarde, en 1932, junto a Carlos Medinacelli y Gamaliel Churata, entre otros, formó parte de los articulistas de la revista La Semana Gráfica, fundada aquel mismo año.
En la prensa vallegrandina, cruceña y paceña quedaron sus poemas en cuartetos y serventesios; sin embargo, en la prensa orureña quedaron sus ensayos más maduros, como La angustia de un escritor boliviano. El caso de René Moreno (1930), un ensayo lúcido sobre el gran polígrafo boliviano.

Al iniciar la Guerra del Chaco, en 1932, se presentó al frente de batalla como director de La Patria, junto a un grupo de jóvenes periodistas que decidieron dejar la pluma por el fusil, para defender la heredad nacional. Quezada Palma fallecería en la acción de Nanawa, en julio de 1932, a tres meses de haber cumplido treinta años de edad. Sirva este pequeño texto para recordar un poco de la vida y obra de una más de las grandes promesas del periodismo boliviano, truncada por su muerte absurda en el Chaco.

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