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¿A quién le importa la educación?

José María Cabrera Dalence 25/11/2020 05:00

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En vista del perseverante rechazo de politizados sindicatos de profesores, opositores a la implementación de la educación a distancia, finalmente la gestión 2020 fue prematuramente clausurada el pasado 2 de agosto, y todos los estudiantes promovidos de curso por decreto.

Los profesores, sea dicho de paso, no sufrieron ningún descuento en sus salarios, pese a que quedaron liberados de continuar con su labor de enseñanza de la niñez y juventud boliviana, siendo estos últimos, los únicos y directos afectados con la supresión de su proceso de aprendizaje.

En Italia, Anita, un estudiante de 12 años, dio inicio a una serie de protestas por parte de estudiantes en las puertas cerradas de sus establecimientos educativos, quienes munidos de sus libros se asientan allí para autoenseñarse ante la vista de toda la ciudadanía en reclamo de la reapertura de sus colegios.

Hoy en Bolivia el desconfinamiento ha implicado la realización de masivas concentraciones políticas y ampliados sindicales, la autorización de la concurrida feria de alasitas en el Cambódromo, y hasta la reapertura de bares y discotecas. Todo está nuevamente reabierto, menos las escuelas.

Como colofón de este triste panorama, dos sucesos marcan hoy la agenda pública de la educación nacional; el primero de ellos las violentas protestas de las asociaciones de padres de familia ante diferentes gobiernos municipales, pero paradójicamente no en reclamo de educación para sus hijos, sino demandando que el presupuesto de los desayunos escolares les sean transferidos a ellos, y el segundo suceso, el anuncio con bombos y platillos por parte del ministro de Educación de que recién en febrero se retornaría al nuevo año escolar, pero en modalidad semipresencial, volviendo así exactamente al mismo punto de partida del año pasado que habría enfrentado la negativa de los sindicatos de maestros al uso de la educación a distancia.

Importante puntualizar que la indicada modalidad semipresencial apunta más bien a una educación presencial a media fuerza, pues absolutamente nada se ha adelantado ni proyectado para la efectiva implementación de la educación masiva a distancia.

Es tan evidente el menosprecio por la importancia y valor de la educación en la clase dirigente boliviana, así como por el resto de los estamentos de nuestra sociedad, que ante la vista y paciencia de todos, la gravísima crisis educativa apunta a abarcar una segunda gestión escolar.

Así como los estudiantes de Italia, que protestan frente a las puertas cerradas de sus colegios, en Bolivia urge que todos demandemos la priorización de la educación durante la actual pandemia del Covid-19, y ello en base a premisas que se deben tener absolutamente claras para enfrentar esta crisis:

I) ningún sector debe rechazar nunca más la implementación de la educación a distancia.

II) el rígido y centralizado “calendario y gestión escolar”, que jamás debió ser clausurado, debe tornarse también en flexible y regionalizado, tal cual el esquema de las cuarentenas aplicadas con esa modalidad en el país luego del levantamiento de la cuarentena rígida, de manera que en estos días de meseta epidemiológica las clases presenciales hubiesen podido desarrollarse en varios municipios.

III) La regionalización y flexibilización del calendario y la gestión escolar, permitiría que cada municipio aplique la educación masiva a distancia más acorde con su realidad, con la mejor combinación de sus posibilidades de acceso tecnológico, televisión abierta o radio.

La cruzada en pro de la continuidad del proceso educativo de nuestros niños y jóvenes en Bolivia, debe unir y demandar el mayor esfuerzo y sacrificio de todos los bolivianos.



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