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En respuesta a un paro indefinido de trabajadores de la Administración de Aeropuertos y Servicios a la Navegación Aérea (Aasana), el Gobierno decidió eliminar la empresa y creó por decreto una distinta con el nombre de Navegación Aérea y Aeropuertos Bolivianos (Naabol), con lo cual dejó sin fuente laboral a 1.000 empleados y puso la seguridad operacional de la aviación comercial en manos quién sabe si de personas calificadas para manejar un control muy delicado.

La medida fue ordenada mediante un decreto supremo y la explicación es que la empresa tenía un hueco financiero de más de Bs 1.300 millones y no había entendimiento con la parte sindical.

El Estado destinará más de Bs 182 millones para el pago de salarios y finiquitos a los ahora extrabajadores de Aasana.

La dirigencia de la empresa había iniciado un paro indefinido de operaciones en los aeropuertos del país reclamando el pago de Bs 9,5 millones por horas extras acumuladas desde el año 2020.

Según el ministro de Obras Públicas, Édgar Montaño, la situación financiera de Aasana era insostenible porque sus ingresos no llegaban a los Bs 7 millones y los egresos superaban los Bs 10 millones por mes, y era más viable crear una nueva empresa a pagar la deuda.

Desde el otro lado, dirigentes de los extrabajadores de Aasana denuncian que pretenden pagarles los beneficios en dos años y que las operaciones actuales de las torres de control están a cargo de militares, funcionarios de la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) y extrabajadores jubilados, y que no serían personal técnico.

De momento, los extrabajadores se mantienen en huelga y exigen que el Gobierno dé marcha atrás en la liquidación de la empresa.

En Santa Cruz se conoció el caso de una controladora del tráfico aéreo de nombre Fabiola Pereira que trabajó el miércoles por más de 17 horas continuas, bajo presión, con amenazas de ir presa y con la incertidumbre de haberse quedado sin empleo.

La trabajadora relató que en cierto momento colapsó y suspendió las conexiones con la terminal de Viru Viru por tres horas porque estuvo en riesgo de sufrir un ataque cardiaco y sintió que comenzó a fallar en sus instrucciones.

Ella reveló que decía que baje a una aeronave que debía subir y que en ese momento sintió que no podía más; entonces tomó la decisión de detenerse y demorar el tránsito de aeronaves durante tres horas.

En su testimonio, Pereira reveló que durante esas horas no tenía supervisor ni ningún jefe para que le ayude, que habló con el exdirector de Aasana pero tampoco él sabía qué hacer; que habló con la DGAC, pero no le dieron solución, y que por esa razón dispuso que ya no le pasen ninguna aeronave de ningún lugar de Bolivia a Viru Viru para coordinar la operación.

El dramático relato de la trabajadora revela la gravedad del momento que vive la aeronavegación comercial en Bolivia, que estaría bajo incertidumbre porque las operaciones aéreas son de alta sensibilidad y especialización.

Nadie quiere una tragedia, el control aeronáutico requiere de personas muy capacitadas y en pleno uso de su tranquilidad para no cometer errores en un espacio en el que operan no solo aerolíneas bolivianas, sino también extranjeras, las que probablemente tampoco se sienten seguras con todo lo que está ocurriendo.

El Gobierno tendrá que evaluar si la liquidación de Aasana fue una medida correcta o no, y para eso debe garantizar que nadie corra riesgos en ningún aeropuerto del país.

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