20 de febrero de 2022, 4:00 AM
20 de febrero de 2022, 4:00 AM


La voraz hambruna por comerse las tierras cruceñas que tienen los indescifrables “interculturales”, ha puesto sus ojos en los predios menonitas, donde trabajan sin descanso aquellos hijos de Menno Simons, que llegaron a Bolivia hace mucho más de medio siglo, y de quienes solo se sabe que laburan silenciosamente la tierra, la hacen producir, y que su vida se reduce al esfuerzo personal y las alabanzas al Señor.

Los menonitas no dan diezmos al MAS ni al búnker de Chapare, como no lo han dado jamás con nadie, porque su religión no les permite entrometerse en basureros terrenales.
Pues ahora, una patota de interculturales, de las que está inundada Santa Cruz, están desalojando de sus campos de Valle Verde, próximo a Santiago de Chiquitos, a los menonitas, acusándolos de estar asentados sobre tierras fiscales, algo que uno de los directores del peligroso INRA no había advertido que databan de hace 10 años. Lo curioso, además, es que se acusa a los menonitas de avasalladores, cuando sabemos muy bien quiénes avasallan las tierras cruceñas. Por si fuera poco, la estulticia de esta gente que está dedicada a repartir territorios ajenos en plena producción, llega a que afirmen, como si fuera un justificativo, que los menonitas son extranjeros, basados en la idiotez de que son blancos, rubios, hablan una lengua que no es originaria, y usan overol. Es decir que se trata de un racismo que les revienta por los poros.

Estos avasalladores profesionales no saben que los menonitas se asentaron en Bolivia con garantías otorgadas por el Gobierno de entonces. Que jamás promovieron comentarios negativos; que huyen de la modernidad como algo incompatible con su religión; pero viven sanamente, rechazando la guerra y la violencia. Claro, gente decente como esa, son el plato favorito para los hambrientos sin oficio conocido, que ambicionan tierras trabajadas, donde solo tendrán que repartirse terrenos para venderlos y echar por los suelos el esfuerzo de los hombres y mujeres, rubios y zarcos, que no acullican, que no beben chicha y que no conocen la pichicata. Otra ventaja que tienen los interculturales y el INRA: los menonitas no pelean; si los acosan se van a otro país donde los respeten.

Ya está bueno de que, a costa de quienes están dedicados solo al trabajo, se quieran pagar deudas políticas. En Chapare, hay harto territorio y también en el Altiplano. Algo se tiene que hacer para que ni en Chiquitos ni en el Parapetí se permita que los racistas quieran apoderarse de tierras poniendo como pretexto que sus dueños son rubios, que no son originarios y que por lo tanto deben irse.

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