Opinión

Acabó la sangría, pero el paciente sigue débil

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26 de enero de 2020, 3:00 AM
26 de enero de 2020, 3:00 AM

Por: Alejandro Arana / Economista

El presente año inicia con grandes desafíos para la economía boliviana. En el plano interno, se debe poner fin a la sangría que la afecta por más de cinco años, en los que los constantes déficits fiscales y de la balanza comercial han generado un aumento sostenido de la deuda pública, así como una reducción dramática en el nivel de las Reservas Internacionales Netas (RIN).

En el plano externo, la situación no es más alentadora ya que se enfrenta un escenario particularmente difícil por la desaceleración económica mundial, las constantes tensiones comerciales entre EEUU y China, los deprimidos precios de los principales productos de exportación, la reducción en los volúmenes exportados de gas y la incertidumbre producida por el fin de los contratos de exportación. Así como por la fuerte crisis política y económica en los países vecinos.

Con todo, el Banco Mundial proyecta para Bolivia un crecimiento del 3% en el Producto Interno Bruto (PIB) para el año 2020, cifra que a la luz de lo expuesto anteriormente no resulta ser del todo negativa.

Sin embargo, para alcanzar dicha cifra se deberán aplicar una serie de políticas entre las que destacan una reducción del déficit fiscal mediante un estricto control del gasto corriente y la priorización de proyectos con mayor rentabilidad social.

De igual forma, es imprescindible realizar auditorías a las empresas públicas para evaluar su desempeño, y que éstas dejen de ser una fuente de egresos para el Tesoro General de la Nació

Finalmente, es importante recuperar la independencia del Banco Central de Bolivia, para evitar que éste siga siendo una fuente de financiamiento del déficit público.

Igualmente, urgen medidas para incrementar la oferta de divisas en el mercado local, como el recientemente anunciado decreto supremo que libera las exportaciones y permite el uso de biotecnología para mejorar la productividad del sector agroexportador.

Adicionalmente, se debería incentivar la repatriación de divisas mediante la eliminación del Impuesto a las Transacciones Financieras (ITF) y la disminución del encaje legal en moneda extranjera. Se debe alentar la inversión tanto extranjera como nacional, otorgando mayor seguridad jurídica y combatir el contrabando para evitar la competencia desleal con los productores locales.

También, se precisa incrementar la competitividad de la industria nacional mediante la reducción de impuestos y una mayor flexibilidad en la legislación laboral.

Aún si todas las medidas previamente citadas se implementaran, se prevé un año muy difícil puesto que el precio de los principales minerales de exportación como el zinc, plomo y estaño, continuarían deprimidos por la menor demanda del mercado chino.

Las exportaciones de gas, se verán fuertemente reducidas tanto en volúmenes como en precio por las menores nominaciones y las nuevas condiciones de los contratos. Esta baja de ingresos prevista generará una fuerte presión para financiar el déficit fiscal con emisión de nueva deuda, dado que ya no hay margen para seguir reduciendo las reservas internacionales.

El manejo netamente técnico y libre de ideologías políticas de la actual administración es sin duda esperanzador; no obstante, los desafíos que se tienen por delante son muy grandes, puesto que, aunque el paciente haya dejado de sangrar, tras un mal diagnóstico y luego de 14 años de un pésimo manejo de su enfermedad, los efectos negativos en la salud económica del país son muy difíciles de revertir en el corto plazo.

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