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Por: The Conversation

Marisa acude por cuarta vez a la consulta nutricional en el plazo de 4 años. El primer año se mantuvo haciendo dieta para control de peso durante 7 meses, en los que bajó 6,5 kg y, lo que es más importante, corrigió muchos errores alimentarios. Volvió en busca de tratamiento un año y dos meses después, tras subir 8,3 kg. Esta vez estuvo 2 meses y medio y bajó 2,4 kg, pero dejó de asistir a las consultas programadas. Y no se volvió a saber de ella hasta que 2 años y 3 meses más tarde, con 13,7 kg más de peso, regresó para tratarse una vez más.

No es una raya en el agua. Es más, la situación de Marisa está a la orden del día en las consultas de los nutricionistas.

Y no es solo la obesidad o el sobrepeso lo que nos hace acudir a la consulta. La cuestión estética es la principal motivación para perder peso en mujeres y también en hombres, muy por encima de cualquier otra.

 MALAS CONSEJERAS

Queremos vernos y que nos vean mejor, y perder unos kilos de grasa se convierte en algo urgente. Pero las prisas son malas consejeras. Los kilos que hemos acumulado durante años no se esfuman así como así. Pese a todo, muchas mujeres de 20 a 50 años, y cada vez más hombres, se someten a dietas que prometen resultados rápidos. Nos referimos a dietas muy restrictivas, poco equilibradas, y que sin embargo aparentemente funcionan. ¡He perdido 5 kilos en una semana! ¿Quién no conoce a alguien que se mete en esta dinámica cada vez?

Sabemos que las dietas muy bajas en calorías pueden causar reducciones significativas de peso. Pero ojo, porque peso no es igual a grasa. Y lo que desearíamos perder, en realidad, es el exceso de grasa.

En este sentido, conviene hacer un paréntesis y recordar que los componentes principales de la masa corporal son el músculo, la grasa, el agua y la masa ósea.

El componente mayoritario del organismo, y el que consume la mayor parte de la energía, es el propio músculo (aunque en términos relativos, hay otros órganos que consumen más energía por unidad de masa, por ejemplo el cerebro). En una persona de 70 kilos de peso, al menos 30 kilos serán de músculo, entre 3 y 4 de masa ósea y entre 8 y 10 kilos corresponden a grasa.

Pues bien, resulta que, desde el punto de vista metabólico, al organismo le resulta más fácil utilizar la proteína del músculo como sustrato energético inmediato que la propia grasa. Cuando el peso se reduce rápido, se pierde sobre todo contenido intestinal, músculo y agua. Y, si acaso, un poco de grasa y de masa ósea.

EL ENGAÑO DEL INTESTINO VACÍO

Volviendo a las “dietas milagro”, suelen reducir la ingesta total y por tanto la masa de alimento. Eso significa que durante los primeros días de dieta nuestro intestino se vacía. En cualquier momento nuestro intestino en toda su extensión acumula entre 3 y 5 kilos de alimentos en procesamiento. Por lo que solo el vaciamiento intestinal genera una pérdida de peso de varios kilos en pocos días.

En consecuencia, solo con el vaciamiento intestinal, y que la restricción calórica de la dieta inicialmente se compensa con un aumento del catabolismo proteico, en periodos cortos de tiempo se puede perder un peso importante (entre 4 y 5 kilos en una semana). La mayoría de contenido digestivo, agua y músculo. Este proceso es característico y común a todas las dietas que proponen pérdidas rápidas de peso. Y ni qué decir tiene que el ritmo de pérdida de peso no se mantiene en las semanas siguientes.

PERDER PARA REGANAR

Lo peor es la reganancia porque se acumula más grasa que músculo, y, como consecuencia, en ciclos repetidos de dieta y reganancia hay una alta probabilidad de aumento de grasa en detrimento del músculo, lo que se conoce como sarcopenia. Que, ni qué decir tiene, supone peor estado funcional y de salud, y aumento del riesgo de enfermedad metabólica y cardiovascular.

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