Opinión

Afroditas en duelo

El Deber logo
31 de diciembre de 2020, 7:26 AM
31 de diciembre de 2020, 7:26 AM

 

José Luis Gómez (Adm. de empresas)


En círculos intelectuales y en otros que no lo son tanto, se debate sobre la idea de que el feminismo es, entre otras cosas, un instrumento de la nueva izquierda y su manual gramsciano, en respuesta al cambio social contemporáneo y una serie de consideraciones que van desde las más absurdas hasta las que superan lo interesante.

Si bien es cierto que los colectivos pueden exponer y visibilizar temas que necesitan ser revindicados, su naturaleza termina absorbiendo la individualidad y empujándolos a las generalizaciones y extremos antipáticos, subjetivos, que además son fáciles de interpelar porque van tomando la forma de sus ocasionales e interesados líderes y se alejan de su génesis ideológico.

En los ejes de poder y liderazgo, nada debilita más a una mujer que el hecho de ser visible solo por una reivindicación previa de su espacio, dejando de lado su verdadera vocación, talento y capacidad, mucho menos si esa reivindicación crece a la sombra de una ideología o doctrina tan extremista como la nueva izquierda radical y populista.

En Santa Cruz de la Sierra, donde la cruceñidad está intentando resolver su contencioso ideológico con la Bolivia que le migra y que se mete física y culturalmente en sus venas, se ve, cada vez con mayor frecuencia, el resultado positivo del trabajo de mujeres líderes en distintos ámbitos, pero no hay nada nuevo ni muy profundo en este dato, lo que quiero resaltar es que esto se viene dando por fuera de los feminismos progresistas, de activismos efímeros y escandalosos eventos de los que, en la mayoría de los casos, solo queda desorden y una que otra imagen desagradable.

Se dice que nadie entendió mejor a Gramsci que Margaret Tatcher, que de mujer tenía lo que por menester le correspondía tener y de socialista lo que Mozart de reguetonero.

Para evitar el escarnio de los puristas, haré la clásica salvedad de decir, salvando las distancias, para pasar de la dama de hierro al liderazgo y protagonismo político de mujeres en Santa Cruz, estamos a puertas de las elecciones subnacionales, en concreto, las de la alcaldía, donde una mujer, en base a su forma de ejercer poder y hacer política pragmática, pinta como favorita, en franca oposición a otra que es la que se dice, irá por la mayor (sino única) fuerza política del país, y si bien, una de ellas se comporta más como persona de derechas (sin decirlo), la otra, aunque dice ser de izquierda, no lo demuestra. Lo destacable es que ninguna de las dos apela a los escuálidos métodos de activismo feminista para ganar notoriedad.

Esto no pretende ser una oda a la mujer per sé y mucho menos a una que otra en particular, tampoco una crítica barata y generalizadora al feminismo, simplemente trato de pasar el resaltador por las líneas que relatan los hechos, el poder se ejerce con carácter, capacidad y vocación. 

Como todo ideal, tiene sus corrupciones, de las que cada cual se tendrá que hacer cargo; en lo jurídico y en lo moral, lo importante es ver como en el modelo que se critica por ser machista, castrante y coptador, es donde las mujeres con verdadera capacidad de liderazgo encuentran una plataforma real donde demostrar su capacidad, independiente de temas triviales como el género y todo el relato amarillista que algunos vivarachos crean para aprovecharse de una debilidad que es más aparente y que debe buscar reivindicarse de forma más inteligentes y sostenible.

Tags