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11 de agosto de 2023, 4:00 AM
11 de agosto de 2023, 4:00 AM

¿Acaso podemos quedarnos callados frente a los crímenes de los rusos contra la población ucraniana? No. América Latina tiene otros recursos además de las reuniones oficiales de sus gobernantes, varios militantes del socialismo caviar que se han convertido en aliados de Moscú.

Desde la sociedad civil, con el impulso de un puñado de colombianos, está organizada la campaña “#AguantaUcrania” a la que todos nos podemos adherir enviando un video con palabras de aliento a ese pueblo invadido por un imperio. Ese pueblo que resiste a nombre de toda la humanidad.

“Si Ucrania pierde, perdemos todos” advierte Sergio Jaramillo, ex comisionado de paz que logró sentar adversarios colombianos en una mesa de diálogo para firmar un acuerdo después de décadas de violencia. Como la mayoría de sus paisanos conoce lo que es vivir con la tensión de las bombas, los secuestros, las desapariciones y el sufrimiento de víctimas que ni siquiera estaban involucradas en las disputas.

Por ello es tan importante que sea desde esa tierra que se levanta la voz de cientos de latinoamericanos que no aspiran a representarse más que a sí mismos, pero que quieren mostrar al mundo que están contra los crímenes de lesa humanidad que cometen soldados y mercenarios rusos en un pequeño país invadido por un imperio.

El premiado escritor nicaragüense Sergio Ramírez se adhirió a la campaña recordando lo que padeció su país cuando Estados Unidos lo invadió con filibusteros en el siglo XIX y con tropas en más de una época a lo largo del siglo XX. Ramírez y su colega y compatriota Gioconda Belli denuncian la muerte de civiles en territorio ucraniano.

Jaramillo es un conocedor del derecho internacional y ha demostrado en entrevistas a medios europeos, como en la última semana en Radio Francia Internacional, que las acciones que alienta Moscú contra Kiev violan las convenciones internacionales.

Entre los colombianos que enviaron videos para respaldar #AGUANTAUCRANIA están escritores, cantantes, periodistas y también el prestigioso presidente de la Comisión de la Verdad Francisco de Roux.

Por su parte, el autor cubano Leonardo Padura levanta su voz desde su isla para expresar su dolor por lo que sucede en Ucrania. “Es inadmisible” afirma. Igual que otro cubano, el músico Paquito d’Rivera, o la periodista mexicana Lydia Cacho.

Desde La Paz, Bolivia, como periodista, como historiadora, como militante de los Derechos Humanos, pero sobre todo como mujer que ha parido hijos también me adquiero a #AGUANTAUCRANIA: “Madres ucranianas, aunque la propaganda rusa inunde América Latina, sabemos de su sufrimiento y de su coraje. Ustedes resisten por todos los humanos que prefieren vivir en libertad. ¡Aguanta Ucrania”! Tu bandera con los colores del cielo y del sol están en nuestro corazón.

 América Latina necesita tener voz propia. Es posible vencer así el pasado y abrir una senda más amplia. El presidente Gabriel Boric es un ejemplo de que es posible lograrlo.

Las autoridades bolivianas relacionadas con la diplomacia parecen ovejas, pero aún están a tiempo de rectificar su falsa neutralidad para consolidar la postura antimperial y contra toda invasión, como víctimas de esas agresiones de varios vecinos.

En cambio, el presidente Luis Ignacio da Silva merece todo el desprecio, tal como lo muestra una portada del diario izquierdista francés “Liberation”: “Decepción”. Brasil participó en la Triple Alianza contra un país diminuto como Paraguay destrozando su horizonte. A través de mercenarios se apoderó del Acre boliviano a inicios del siglo pasado. En los años 70 pretendió ser un “subimperio” en la región. En cambio, en la etapa democrática fue una voz para el diálogo, incluso en crisis bolivianas.

Ahora Lula se pronuncia a favor de Rusia pidiendo a Ucrania que ceda Crimea, intentando consolidar para los rusos los territorios arrancados al pequeño país de Volodimir Zelensky. Ideas imperiales y guerreristas que no debemos dejar de condenar; que el narco drama cotidiano no nos deje sin tiempo para denunciar estos capítulos que parecen lejanos, pero que también comprometen nuestro porvenir.

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