16 de septiembre de 2022, 4:00 AM
16 de septiembre de 2022, 4:00 AM


Recién nomás me enteré de que la Alcaldía había decidido sacar las losetas del casco viejo de la ciudad, reemplazándolas con pavimento, tarea que comenzó hace unos días. Al respecto leí un artículo del Dr. José Antonio de Chazal oponiéndose, con sólidos argumentos, a semejante disparate por el que pagarán más de 30 millones de bolivianos, dinero que sale de los bolsillos del pueblo cruceño.

A lo explicado y sustentado por el aludido jurista, me permito puntualizar otros aspectos que demuestran que es innecesario -más aún, que es un desatino-, realizar dicha obra que ya está en marcha pero que es posible detener.

En más de medio siglo se ha visto cuán acertados estuvieron quienes aprobaron en aquellos tiempos el enlosetado de la urbe, puesto que las losetas siguen en óptimo estado y lo seguirán estando otros 50 años, solamente será necesario hacerles mantenimiento y alguna que otra reposición. En este punto vienen a mi memoria tantas ciudades que conocí en América y Europa, en cuyos barrios, tan antiguos como legendarios, la gente y los vehículos transitan por adoquines y empedrados centenarios. Qué digo, ¡milenarios!, que son parte de la tradición, una de las virtudes que más cultivan los pueblos civilizados.

Por otro lado las losetas tienen una enorme ventaja: se las puede remover, sacar y volver a colocar cuantas veces sea necesario, sin que sufran daño. Esto lo vemos desde aquellos años 60 del siglo pasado hasta la actualidad, tiempo en el cual las losetas han sido removidas diez, veinte y más veces para colocar tuberías, cables y postes, y que lo digan, si no, CRE, Cotas y Saguapac y tantas empresas, especialmente constructoras. Las semanas recientes, nomás, hemos visto esto en pleno centro, hasta en las barbas del edificio central de la Alcaldía.

Queda claro, en consecuencia, que se trata de un gasto superfluo como tantos otros que está efectuando la comuna, siendo el más notorio la publicidad que pone por las nubes al alcalde. Él nomás había sido el mesías de este pueblo pese a que todavía no ha hecho nada que valga la pena, apareciendo su imagen y unos renglones loándolo allí donde manda poner un parche, como lo vemos en la propia municipalidad, en gran pantalla, ¡en las computadoras!, en la refacción de alguna calle, en el frontis de la Casa de la Cultura. Y ya que menciono la Casa de la Cultura, al menos que mande colocar el nombre a la efigie del profesor Raúl Otero Reiche en la plaza 24 de Septiembre -omisión condenable de la anterior administración comunal, ya que la gente que circula por ahí no sabe a quién se rinde homenaje. Urge instalar allí una placa sobre una pequeña pilastra, destacando, entre otras cosas, la humildad y sencillez del más inspirado vate cruceño de todos los tiempos.

En fin, todo lo que dilapida en fanfarrias el alcalde -que llegó al poder a punta de populismo y en alianza con demagogos-, debería emplearlo en tareas de gran urgencia, una de ellas rehabilitar la principal vía de la ciudad, el primer anillo, ya que pierde la mitad de su capacidad de circulación de motorizados por culpa del malhadado proyecto del “Bus de transporte rápido” (BRT).

¡Casi dos años de gestión municipal del endiosado hombre y ahí permanece este monumento al fracaso! Los vecinos de la capital cruceña, en especial los del casco viejo, no debemos permitir que continúe semejante despropósito.

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