.

27 de agosto de 2023, 4:00 AM
27 de agosto de 2023, 4:00 AM

Luego de 11 días de bloqueo de la carretera que une Santa Cruz y Cochabamba a la altura de Buena Vista, grupos afines al Gobierno decidieron levantar su medida de protesta, aunque con la intención de volver a la carga a partir del 11 de septiembre. Su cínica declaración de cuarto intermedio no obedece a un gesto conciliatorio de su parte sobre la causa por la cual protestan, sino a un simple cálculo político.

Resulta que la poderosa Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (Csutcb) ha anunciado un bloqueo de carreteras a nivel nacional a partir del 4 de septiembre, y los que están al frente de esta medida son nada menos que los dirigentes del ala evista de esta organización. Al parecer, éstos han decidido darle una dosis de su propia medicina a los arcistas de Buena Vista, quienes respondieron con su repliegue temporal mientras analizan cómo digerir esta pulseada interna del dividido masismo.   

El bloqueo en Buena Vista causó daños económicos al país por encima de los 110 millones de dólares. Pero a los bloqueadores no les importa el daño causado, porque su consigna es que se construya un tramo carretero por donde ellos quieren, desconociendo los criterios técnicos que la Gobernación de Santa Cruz esgrime para proteger acuíferos del área metropolitana y reducir costos del proyecto. Aquellos han gozado de la anuencia del Gobierno central, lo cual sólo se entiende si la consigna significa un rédito político por la vía de repartija de tierras fiscales aledañas al cuestionado tramo carretero.   

Lo que los agitadores no se esperaban era una reacción interna de su instrumento político.  La dirigencia de la Csutcb, afín al expresidente Evo Morales, determinó un “bloqueo nacional indefinido de caminos” a partir del 4 de septiembre e instruyó a sus estructuras sindicales a organizarse de manera disciplinada. Este sector asegura que su medida obedece a la “necesidad de cumplir una nueva agenda política y social”, además de exigir al presidente Luis Arce a “pedir perdón” por supuestamente haber instruido la gasificación del último congreso campesino, de donde surgieron dos dirigencias: una evista y otra arcista.

Claro que la Csutcb está lejos de conseguir su característica unidad orgánica a nivel nacional. Para empezar, algunos de sus afiliados del departamento de La Paz –del ala arcista, por supuesto– han anunciado que apoyarán a otra directiva y que, más bien, pedirán bloquear “las propias casas” de sus adversarios. Todo esto pone en evidencia la profunda división dentro de las organizaciones afines al MAS.  

Esta división ha ido creciendo en intensidad. Todo comenzó con simples posiciones encontradas, que luego eran minimizadas para dar muestras de unidad. Después pasaron al intercambio de insultos y de graves acusaciones de hechos delictivos y de corrupción. Ahora, por lo visto, están dispuestos a llevar sus pugnas a la arena del bloqueo de caminos. Irónicamente, el método destructivo que inviabilizó el país y que llevó al MAS al poder hace casi dos décadas, ahora puede ser utilizado por el mismo partido como instrumento de pulseada interna. Competencia entre bloqueadores, para desgracia de Bolivia entera.

Ahora el Gobierno la tiene difícil. Si no ha podido (o no ha querido) actuar con determinación para prevenir o para levantar los bloqueos propiciados por sus afines, menos lo podrá hacer con los de sus adversarios políticos. Y si arcistas y evistas no anteponen los intereses del país y dejan sin efecto sus temerarias medidas, Bolivia vivirá nuevamente esos días de inviabilidad de triste memoria.  

Tags