El Deber logo
31 de octubre de 2022, 4:00 AM
31 de octubre de 2022, 4:00 AM

Por Enrique Domic Rivadeneira, herpetólogo de WCS Bolivia

Cada año, durante la época seca, decenas de miles de tatarugas o tortugas gigantes de río sudamericanas (Podocnemis expansa) remontan las aguas para desovar en las playas de la cuenca del río Iténez o Guaporé, a ambos lados de la frontera entre Bolivia y Brasil. En aquellas playas ocurre posiblemente la mayor anidación de cualquier tortuga de agua dulce en el mundo; un evento fundamental para la reproducción de esta especie clave para la ecología del río y de la región.

Los huevos se mantienen blandos mientras están en el vientre de las tatarugas y se calcifican solamente cuando son depositados en la arena. Gracias a ello, las hembras pueden depositar entre 50 y 172 unidades por nido (Ceballos et al. 2012). Durante el desove, que dura unos 30 minutos, las tortugas permanecen quietas, lo que las coloca en una situación muy vulnerable. Los sonidos que emiten y sus movimientos evidencian el gran esfuerzo que realizan durante esta labor. La anidación se prolonga de 20 a 30 días por el gran número de tatarugas que esperan en el agua para poder depositar sus huevos.

Históricamente, los traficantes han aprovechado este maravilloso evento natural para recolectar los huevos y atrapar a las tatarugas para el consumo de su carne y el aprovechamiento de sus caparazones y grasa. Por esta y otras razones, su población ha disminuido drásticamente de millones de ejemplares a tan solo unos cientos de miles en la actualidad, lo que la coloca entre las especies más amenazadas de la Amazonia. Declinación que a su vez pone en riesgo el equilibrio de los ecosistemas, habida cuenta de la importancia de las tatarugas para la ecología de los ríos.

Las tortugas gigantes de río sudamericanas son excelentes dispersores de semillas, ya que, en la época de lluvias, pueden desplazarse más de 80 km alrededor de la selva inundada en busca de frutos y semillas que caen al agua. Y en la época seca vuelven a los cauces de los ríos para reproducirse y desovar en las playas. Durante este periplo proporcionan alimento y biomasa a otras especies acuáticas y terrestres. Además, constituyen una de las principales fuentes de proteína de las comunidades indígenas, especialmente de aquellas que habitan en las riberas de los ríos.

Para contrarrestar la declinación de su número, en los últimos años se han adoptado diversas estrategias de conservación. La principal consiste en gestionar, resguardar y monitorear las playas de anidación del río Iténez o Guaporé. Estas actividades se realizan desde el desove hasta la eclosión de los huevos, proceso que dura aproximadamente dos meses. 

En Brasil, efectivos del Instituto Brasileño de Medio Ambiente (Ibama) combaten el tráfico ilegal con la contribución de la ONG Ecovale. En el lado boliviano, pobladores de la comunidad de Versalles (Beni) resguardan las playas de anidación, que forman parte del Parque Departamental Área Natural de Manejo Integrado Iténez (Beni). Wildlife Conservation Society (WCS) apoya estos esfuerzos de conservación en diferentes áreas de Brasil y Bolivia, como el fortalecimiento de la gestión de las áreas protegidas y el empleo de nuevas tecnologías para monitorear el número de hembras anidadoras.

Este año, las tatarugas llegaron a las playas del río Iténez a finales de septiembre y empezaron a depositar sus huevos en la primera semana de octubre, luego de esperar varios días en el agua a que las condiciones de la arena sean las más adecuadas. 

Como en años anteriores, investigadores de WCS aprovecharon este periodo para registrar imágenes espectaculares e información valiosa que va a contribuir a acrecentar el acervo científico y a delinear las políticas gubernamentales de conservación. 

De esta manera, el resguardo y monitoreo de la espectacular anidación anual en las playas del río Iténez/Guaporé garantiza la reproducción de las crías de las tatarugas, y con ello, contribuye a preservar el equilibrio de la ecología de la región.

Tags