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Las extinciones en el planeta Tierra se han dado por oleadas. Según estudiosos en el tema, el Homo sapiens había llegado a Australia, un sitio del primer eslabón de la cadena alimentaria. Desde entonces se convertiría, en palabras del filósofo e historiador israelí Noah Harari, en “la especie más mortífera en los anales del planeta Tierra”. Después de las cinco grandes extinciones masivas que nos alerta la historia a consecuencia de eventos geológicos, han dejado consecuencias letales en las especies: todas terminaron con tres cuartas partes de las especies en cientos de miles de años.

No solo lo experimentamos en las grandes extensiones de tierras que son arrasadas por el fuego (y por la mano del hombre) sin ir más lejos, en la extensa Chiquitania, en el Pantanal y la Amazonia todos los años, también lo sufrimos al ver la triste escena de la muerte del caimán negro en tierras benianas a manos de jóvenes humanos, demasiado humanos.

Así como una práctica ancestral o como un acto de supervivencia, ante los temores del peligro que supuestamente representan estos grandes animales, los hechos que parecen aislados, no lo son. Somos testigos, a diario, de una seguidilla de maltratos y asesinatos contra especies en peligro de extinción. La muerte acecha a la fauna y la flora por la ambición, la vanidad y el desprecio del humano.

Nos aterra lo sucedido hace unos días con un ejemplar de varios metros de longitud que fue visto malherido y luego cazado y colgado de una grúa como trofeo de guerra. Luego despellejado y cortado en pedazos para el morbo más despiadado.

Se dice que los caimanes negros se encuentran en vías de extinción y que sobreviven manteniendo cierta biodiversidad en el Pantanal brasileño y boliviano entre otras pocas regiones del planeta.

Llora hoy el Magdalena que uno de tus hijos no verá el sol de la mañana y las aguas de tu río Itonamas se secarán en lágrimas de ausencia.

Relatan las crónicas del lugar que ese fatídico domingo la Policía arrestó a dos personas sospechosas de cometer el biocidio, pero horas más tarde fueron liberadas debido a la presión de los pobladores del lugar que decían que no merecían ser encarceladas por haber salvado vidas humanas, porque el animal era un peligro para la humanidad. Hoy las autoridades investigan y como siempre todo quedará en la impunidad y en el anecdotario de un pueblo que un día se llenó de fama, pero no de gloria.

Estos animales están amenazados por el tráfico de pieles que se exportan a China, México y Estados Unidos, según publicaciones de investigadores de la región. La burla a los controles aduaneros es una práctica de larga data. El caimán negro (Melanosuchus niger) y el lagarto yacaré son especies que están amenazadas por el tráfico y la cacería ilegal.

Según la bióloga especialista en el tema Ninón Ríos, los caimanes no son agresivos, no vienen a atacar a las personas, ni cuando tienen hambre. Las ideas que tenemos sobre ellos son equivocadas porque son animales que, además, no comen mucho.

Estos y otros grandes ejemplares cuidan el medioambiente. Cuando mueren, la laguna también muere y cuando muere la laguna, el hombre también muere un poco. Decirlo fuerte y claro, estamos matando nuestro hábitat. Entonces es oportuno preguntarse: ¿Quién extingue a quién? Es bueno transmitirlo, educar para vivir y construir otra conciencia más amable, inteligente y amistosa con el medioambiente y la biodiversidad, tan necesaria como el oxígeno y la vida misma. Algún día el homo sapiens tendrá que ceder y dejar de morderse la cola.

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