11 de agosto de 2022, 4:00 AM
11 de agosto de 2022, 4:00 AM


Para nadie es una sorpresa que las actuaciones del alcalde de nuestro Municipio son abiertamente de compromiso y de lealtad a las directrices que se emanan desde las altas esferas del partido del cocalero Evo Morales.

Debemos recordar que para las pasadas elecciones municipales, su votación vino cargada de un acuerdo preelectoral con el Movimiento al Socialismo (MAS), pese a que ese partido tenía un candidato, y que su ajustada victoria fue muy bien utilizada por el MAS para reacomodar el poder de las fuerzas que durante mucho tiempo han querido tener preponderancia en los destinos y en las jugosas arcas que percibe nuestro municipio, al ser la urbe más poblada del país y por su cuota de coparticipación tributaria que tiene destinado por ley.

La personalidad de este folclórico personaje obviamente es el adecuado para pactar acuerdos con cualquiera que le asegure votos, pero me imagino que él no sabía que debía pagar facturas. Irreverente, con un discurso extraño, usando prendas de vestir que no se encuentran en cualquier tienda del departamento y especialmente con una moral muy difusa, el alcalde Jhonny Fernández está gobernando nuestra ciudad desde hace diez meses y a la vista se nota claramente que todo se ha deteriorado, los servicios municipales , la limpieza de la ciudad, caos del transporte y de los mercados, el mantenimiento de las áreas verdes y todos los servicios de la Alcaldía se han ido por la letrina y las denuncias de corrupción se han disparado en todos los ámbitos.

Claro, podríamos esperar que concluya su mandato de aquí a 4 años, apenas han pasado 10 meses desde la fatídica fecha de octubre cuando tomo posesión como nuevo alcalde, pero así como van las cosas las esperanzas que el hombre se reencamine y haga las cosas como manda la ley es mucho pedir.

Pero este lunes y martes pasados el alcalde se pasó de la raya. Su apoyo a que el Censo poblacional que estaba marcado para 2023 y que el Gobierno lo haya trasladado para 2024 (cálculo político electoral), no es otra cosa que la genuflexión del alcalde a las directrices del MAS. Todos saben y se ha hablado mucho en las argumentaciones de mantener la fecha del Censo para 2023 porque esa radiografía debe configurar el nuevo escenario geopoblacional y con ello dos elemento importantes: a) distribución de los escaños por población y b) distribución de recursos a los municipios según su población.

En ambos casos, nuestra región y especialmente la ciudad de Santa Cruz de la Sierra pierde, si el Censo se hace el 2024, los resultados recién se aplicarían para las elecciones de 2030.

Es que le deben faltar algunas neuronas al alcalde Fernández. No hay duda.

Ahora bien, ser genuflexo y servil al Gobierno es una cosa grave sin duda, pero usar los recursos de la Alcaldía, las instalaciones municipales para maquinar y organizar equipos de choque que usando la violencia y material explosivo para atacar a la población que conscientemente realizó dos días de paro para expresar su protesta pacífica por la medida gubernamental, es realmente oprobiosa, violenta y muestra una nueva faceta del perfil del alcalde Fernández, la cara de un tirano de pacotilla.

La población espera que el Ministerio Publico, el Poder Judicial y la Contraloría General del Estado Plurinacional de Bolivia inicien una investigación seria sobre estos actos violentos del alcalde y junto a ello se le instale un juicio penal del cual existen pruebas suficientes para condenarlo y así, solamente así, (no por otra vía) extirpar a ese tiranillo del comando de nuestra ciudad.

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