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La declinación de la producción de gas natural de Bolivia cada vez ocasiona mayor preocupación en el Gobierno del presidente argentino Alberto Fernández, que en días pasados modificó su presupuesto nacional para destinar $us 1.559 millones para proyectos de ampliación y construcción de nuevos gasoductos que lleven el gas de sus gigantes reservorios de Vaca Muerta al centro y norte del país e, incluso, exportar a Brasil.

El programa se llama Transport.Ar, que contempla nuevas líneas de transporte, la ampliación de ductos existentes, y la creación de gasoductos de distribución en 10 provincias. El secretario de Energía de Argentina, Darío Martínez, consideró que la obra más importante será el gasoducto a Vaca Muerta, que ahora se llamará Gasoducto Néstor Kirchner.

“Nuestros técnicos diseñaron un proyecto que incluyó un sistema de gasoductos sumado a distintas obras para potenciar la capacidad de transporte e ir tras los objetivos de sustituir importaciones de GNL, reemplazar el uso de líquidos en las centrales térmicas, el declino de la producción de Bolivia, incrementar el número de usuarios, y potenciar las exportaciones de gas argentino”, manifestó Martínez al diario Río Negro.

Bolivia es imprescindible

Fernando Meiter, director de la consultora de información energética TNS Latam, indicó que Transport.Ar es un proyecto que data de 2018 y que a diferencia de la propuesta realizada por el anterior Gobierno argentino, la presente contempla el uso de fondos públicos, que en estos momentos el Estado no está en condiciones de financiar. Otro de los problemas es que el gasoducto que el vecino país pretende construir para exportar gas a São Paulo, a través del paso fronterizo de Uruguayana, se encuentra con falta de infraestructura en el lado brasileño.

“Esa opción, Brasil ni siquiera la está contemplando. Lo que sí se está considerando, y yo lo estoy viendo con muchísima atención, es la posibilidad de exportar el gas de Vaca Muerta -hasta São Paulo- a través de la infraestructura que tiene Bolivia, que sería mucho más rápido y mucho más barato”, aseguró Meiter.

En ese caso, el flujo de gas circularía a la inversa, dado que los argentinos ven inevitable la declinación de la producción de gas boliviano. De hecho, Fernando Meiter deslizó que de acuerdo a “canales extraoficiales” la Secretaría de Energía (de Argentina) estaría considerando acortar dos años el contrato entre Integración Energética Argentina (Ieasa) y YPFB. Es decir, que finalizaría en 2024 y no en 2026.

Por su parte, el analista y socio de Gas Energy, Álvaro Ríos, apuntó que los argentinos prevén que hasta 2025 el envío de gas boliviano disminuirá su caudal y una de las preocupaciones es evacuar el gas excedente que tienen en verano.

“En invierno tienen que importar GNL, pero en verano hay mucho gas que podría ser exportado al mercado spot en particular. A esto se suman los altos precios del GNL que se están viendo en el mundo que, debido al cambio climático, los países están reemplazando el carbón por gas natural”, precisó Ríos, al considerar que el gas argentino puede llegar a Brasil mediante mecanismos swaps, a través de Bolivia, que cuenta con la ventaja de tener infraestructura.

Para el analista Raúl Velásquez, Argentina está decidida a invertir en la construcción de gasoductos, porque quiere privilegiar su gas y su economía. “Eso significa una pérdida de mercado para el gas natural boliviano y, probablemente, esto está entre las varias razones que puede tener Argentina para seguir retrasando la firma de la nueva adenda al contrato con Bolivia (YPFB)”, calificó.

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