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21 de diciembre de 2022, 7:00 AM
21 de diciembre de 2022, 7:00 AM

En la Bolivia del Movimiento Al Socialismo hay un estado de guerra, hay enemigos y hay necesidad de armas. Las ideas fueron expresadas por René Troncoso, un verborrágico dirigente de los comerciantes mañaneros, y fue aplaudida por la dirigencia regional de ese partido y hasta por un ministro de Estado que parece estar a gusto con esos aprestos. Troncoso habla sin filtros, no los tiene a nivel personal, pero tampoco los tiene en la estructura del Gobierno o a nivel de la justicia de Bolivia.

Sus intervenciones partidarias no son nuevas. En el cabildo de funcionarios públicos y militantes del MAS, realizado en el Chiriguano, este dirigente pidió estado de sitio en Santa Cruz después de que se había dispuesto paro indefinido en el departamento en demanda de un censo de población y vivienda oportuno. Mientras la protesta cruceña se realizaba, una marcha de gremialistas dirigidos por Troncoso pidió guerra civil. Y en los últimos días, el mismo personaje pidió armas para enfrentar a dirigentes e instituciones de la región.

“Hermano ministro, transmítale a nuestro presidente, la guerra recién empieza y tienen que darnos armas para ir a la guerra, porque sin armas no vamos a ir a la guerra. Tenemos que estar preparados, así como ellos están preparados”, decía el eufórico dirigente del MAS, mientras el ministro de Obras Públicas lo escuchaba y celebraba sus palabras en un acto político.

Troncoso era dirigente de los mañaneros cuando estos enfrentaron a vecinos de la feria de Barrio Lindo y a gendarmes que fueron a proteger el espacio público. Sus adherentes, seguramente bien entrenados, lanzaban piedras y ladrillos contra personas de la sociedad civil y contra funcionarios municipales que no tenían cómo defenderse. Este mismo personaje cortó el candado de un predio privado y expuso a los comerciantes a asentarse al lado de las vías del tren. Arriesgó la vida de sus afiliados con tal de salirse con la suya; en otras palabras, usó y usa la necesidad de las personas como carne de cañón, porque su única finalidad es sembrar el caos y perjudicar la convivencia pacífica de los habitantes de Santa Cruz.

Troncoso aparece y desaparece sin problemas. Un día es un aguerrido dirigente y al día siguiente se esfuma impunemente, a pesar de tener denuncias penales en el Ministerio Público.

Al pedir armas para la guerra comete delitos que están tipificados por el Código Penal. Pero la justicia solo opera para los independientes y para los opositores al Gobierno. Cuando el manto azul del MAS cubre a sus dirigentes, ellos se hacen invisibles para fiscales, jueces y hasta para presidentes y ministros.

Qué se puede esperar si es el mismo Luis Arce Catacora, presidente de los bolivianos, quien anda diciendo por todas partes que quieren desestabilizarlo y demanda defender a su Gobierno, porque un pueblo le pide cumplir la ley y hacer censo o plantea un nuevo contrato social porque ve que avasallan sus tierras y que reprimen a su sociedad civil sin que el Estado reaccione. Si lo hace el número uno, cómo no lo va a hacer un dirigente medio.

El estado de guerra al que se refiere Troncoso o la desestabilización que teme el presidente solo están en la mente de quienes no conciben gobernar sin aplastar, escuchar en vez de imponer.

Entretanto, el país está a merced de sicarios que matan sin piedad en la frontera o de grupos irregulares que avasallan áreas protegidas para favorecer al narcotráfico. Es ahí donde debe declararse la guerra y no a un pueblo que aporta al país, que es franco y que se siente libre para expresarse y para luchar por sus derechos.

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