16 de febrero de 2023, 4:00 AM
16 de febrero de 2023, 4:00 AM


En estos días carnavaleros deberíamos dedicarle todo nuestro sentimiento a la “fiesta grande” y dejar la política olvidada por unos días en un rincón. Ese hubiera sido el deseo de todos los cruceños, pero las circunstancias no se han dado así. En nuestro pueblo somos libres de divertirnos o no, dependiendo de las circunstancias y aquí no se obliga a nadie a saltar como un chivo o a guardar recato como un recoleto. Algunos ciudadanos hemos optado por evitar el festejo porque creímos que el abuso del Gobierno era excesivo, y que había que protestar.

Pero eso no significó, en modo alguno, que se obligara a nadie a una suerte de retiro espiritual. Es un asunto de conciencia y lo respetamos. Respeto a quienes van a salir a brincar porque los entiendo, pero admiro más a quienes, abrumados de tanto abuso y previendo atropellos mayores, decidieron reclamar de la manera más dolorosa que puede hacerlo un camba: privándose de las carnestolendas.

El Gobierno del MAS está, desde las épocas en que su jefe Evo Morales realizó el fraude electoral más grande de la historia, en un auténtico aturdimiento contra la realidad, empecinado tozudamente contra la verdad. Por salvarle el trasero a Evo Morales los masistas se han inventado una fantástica historia de Bolivia que ni ellos mismos la creen y que cuenta un relato absurdo, infantil, cuyo fin es culpar a la expresidente Jeanine Áñez, de haberse apoderado del mando de la nación, en aquellos días complicados de noviembre de 2019, cuando Evo Morales realizó la trampa electoral más elaborada que se recuerda. Sin embargo, por elaborada que fuera, la tramoya no escapó a la mirada aguda y profesional de los expertos de la OEA ni de la Unión Europea, quienes evidenciaron la existencia de ilícitos tan escandalosos como para anular la elección.

Al fraude de Evo Morales se había sumado su cobardía de renunciar al mando y huir hacia México, implorando por su vida, que, dizque estaba en peligro, y dejando tirado en la estacada a su Gobierno. El héroe de “Patria o muerte ¡Venceremos!”, demostró tener unos cojones muy flojos, gelatinosos, y no esperó a que sonara el primer disparo para tomar las de Villadiego y mandarse a mudar.

Parece que el jefazo no soporta el olor a la pólvora quemada y mucho menos oír el ruido de las balas. La vergüenza y el desprestigio ante su susto eran demasiado grandes como para que todo pasara desapercibido en Bolivia, país de macaneadores y burladores, entonces no quedó otra solución que recurrir a la falsificación de la historia para hacerlo víctima y justificar su fuga, afirmando de que había existido un artero golpe de Estado para derrocarlo, encabezado por Luis Fernando Camacho, Jeanine Áñez y los militares. Ahora, para cumplir con los regímenes ateos asociados, se trata de agregar a la Iglesia católica. ¡Puro cuento!

La cobardía suprema de este Gobierno se la reparten entre muchos altos funcionarios que tendrán que pagar cada uno de sus desmanes cuando les llegue la hora. Quienes ya hemos atravesado por situaciones de crisis sabemos que cada ministro quiere ser más macho que el otro, que cada uno quiere abusar de su poder, que quiere convencer a la prensa de sus razones y amenazarla para que entre en brete. Son tan infinitamente cobardes estos bigotudos del actual régimen que se han ensañado con la expresidente Jeanine Áñez, a quien no la reconocen como presidente con el único objetivo de tenerla encarcelada. Entonces, vale preguntarse: ¿Quién gobernó Bolivia durante casi un año? ¿Fue un fantasma? ¿A quién obedecieron ellos mismos? ¿A una entelequia? Ahora ha aparecido un sonso que está pidiéndole sus credenciales de presidente a Jeanine para reconocerla como jefa de Estado. ¿Con qué motivo? ¿Acaso ya no la tienen presa?

No sea que ese afán de afirmar que hubo golpe y no fraude, le resulte al revés al MAS oficialista. ¿Acaso no sabemos todos que Evo Morales es un tramposo? ¿Por qué quererle salvar los calzones diciendo que al pobrecito lo tumbaron? ¿No será que en poco tiempo más este Gobierno va a empezar a escarbar en busca de pruebas acusando a Morales de pillo y manipulador? ¿No le irá a convenir a Arce Catacora decir la verdad asegurando que Morales nos ha llevado a la situación actual por sus malas artes? A mi juicio, a Arce le conviene más decir la verdad y afirmar que el fraude fue flagrante y que, por tanto, Morales no es digno de la confianza de nadie.

Querer encausar al clero, además de a Áñez y a Camacho, es ir demasiado lejos. Es la cobardía en todo su esplendor. El viejo resentimiento aimara en contra de la Conquista y la Colonia se revuelve en su tumba y no puede descansar en paz si no se castiga a la Iglesia, a esa Iglesia monumental que, además de la religión, nos dio el hermoso idioma que hablamos y las diversas expresiones artísticas que, junto a nuestro arte vernacular, son admirables.

Pretender afirmar que la Conferencia Episcopal Boliviana participó del famoso “golpe” de noviembre de 2019, es una aberración absoluta. No es otra cosa que una intención descabellada destinada a distraer la atención del público para esconder matufias mayores. Lanzar a un ebrio desaforado a las calles, como fue el “caso Ezequiel”, no dio los réditos suficientes. Entonces quieren cumplir con algo que ya vienen planificando desde hace mucho y es comprometer a la Iglesia católica en un golpe de Estado. Solo en Bolivia y en las dictaduras ateas se puede concebir semejante infundio, que, quiera Dios, no se convierta en persecución, cárcel y exilio para nuestros obispos. Porque así comienza todo…con citaciones a testigos.

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