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Marina Chiqueno Picanerai llegó desde Pailón empujada por la falta de trabajo, pero ahora que se acercan las clases su mayor preocupación es que su hijo Diego, de 10 años, nuevamente se quedará sin estudiar porque no tiene documentos de identidad. Hasta ahora el niño no ha podido asistir a la escuela porque no tiene sus documentos, que son un requisito para la inscripción escolar. Su mamá nunca pudo tramitarlos, ya que tampoco tiene cédula de identidad y ni siquiera conoce su fecha de nacimiento, por lo tanto tampoco sabe cuántos años tiene. 

Esta es parte de la realidad que viven las familias de la comunidad Garay, ubicada en el barrio San Silvestre, donde unos 50 niños no asisten a la escuela por falta de documentación. Otros acuden a escuelas regulares y a la escuela de la comunidad Degüi.

Esta comunidad, situada en el barrio La Moliendita de la Villa Primero de Mayo, después de varios años ha logrado consolidar un centro de educación. Allí funciona una escuela de primaria para cerca de 100 estudiantes y el único Centro de Educación Alternativa (CEA) para los ayoreos; además, los profesores se organizan para enseñar a los estudiantes de secundaria.

La directora Silvia Achipa, que lleva 15 años impulsando la escuela, asegura que los alumnos de primaria este año nuevamente pasarán clases semipresenciales, ya que no todas las familias cuentan con celulares para las clases virtuales. En este centro se instruyen poco más de 90 chicos, la mayoría de la comunidad Degüi y unos 20 de la comunidad Garay.

La escuela funciona bajo el sistema multigrado en la mayoría de sus cursos.
En la comunidad todos han colaborado para que los niños puedan asistir tres veces por semana a la escuela, minimizando los riesgos de contagio de coronavirus. La mayoría accedió a la primera dosis anticovid cuando fueron visitados por las brigadas de vacunación. Incluso, algunos niños ya iniciaron el esquema de inmunización.

La directora destaca que con esta escuela han lograron revertir los bajos niveles de escolaridad que se tenía en la comunidad antes de su apertura en 2008. Antes eran contados los que asistían a colegios regulares.

Comunidad Garay

En la comunidad Garay todavía hay grandes brechas para el acceso a la educación. Los niños deben salir a otras escuelas porque la comunidad no cuenta con un establecimiento educativo y ni siquiera funciona la guardería inaugurada en 2015, pero que cerró debido a la pandemia.

Pero hay algo más grave, unos 50 niños no acceden a la escuela por falta de documentos.

Jorge Picanerai, miembro de esta comunidad, tiene tres nietos (de 2, 4 y 18 años) sin documentos. Darwin, el de 4 años, este año debe ingresar a la escuela, pero su abuelo cree que esto no será posible porque no tiene ni siquiera el certificado de nacimiento.

Picanerai señala que este problema se debe a que muchos niños nacen en los hogares y no cuentan con el nacido vivo, que es necesario para tramitar el certificado.

Las comunidades

En la comunidad Degüi viven más de 150 familias, con lo que bordean las 1.000 personas, porque muchos han salido de sus comunidades en busca de trabajo, según la vicepresidenta Julia Chiqueno. Hace una semana desplazaron una brigada de vacunación, pero no logró abarcar a todos, por lo que esperan que pronto retorne.

Piden que las brigadas de vacunación lleguen con médicos, porque prefieren un chequeo previo, señala Roly Etacore.

No saben si han enfermado de Covid-19, pero aseguran que no han tenido fallecimientos, pese a que se resisten al uso del barbijo, pero los resfríos lo han combatido con eucalipto, miel con limón y antigripales que compran en las farmacias.

En la comunidad Garay también aumentaron las familias, pues antes de la pandemia vivían alrededor de 90 familias, pero ahora bordean las 120. En este lugar solo algunos han buscado la vacunación, porque no han desplazado brigadas hasta ese lugar, pero también muchos no tienen documento de identidad, lo que les impide acceder a la dosis.

El dirigente Amatady Dosapei cree que lo mejor es que se retorne a clases presenciales, porque el año pasado muchos abandonaron el colegio porque no tenían dispositivos. “No sabían manejar nada de eso. Necesitamos una escuela en la comunidad para que no se pierda nuestra lengua (Zamuco)”, demandó Dosapei.

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