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OPINIÓN

¡BASTA YA!

Alejandro Arana 12/2/2021 06:00

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Jonathan Martin no reunía el perfil característico de las víctimas de bullying, o al menos dicha impresión daban sus 140 kilos y 1,95 metros de estatura. Sin embargo, en octubre de 2003, y a sus 24 años, el atacante del equipo de futbol americano de los Miami Dolphins renunció a su equipo y a un jugoso salario debido al constante acoso que sufría de parte de sus compañeros.

Lamentablemente, su tamaño y fuerza no fueron suficientes para defenderse del constante menosprecio y comentarios denigrantes contra su madre y hermana, así como también sobre su raza y apariencia física. Una mañana, cuando los compañeros rehusaron sentarse junto a él en el comedor, soltó su bandeja al suelo y se marchó para nunca más volver.

El anglicismo bullying se utiliza generalmente para referirse al abuso que niños y adolescentes sufren de parte de adultos o sus pares. No obstante, ejemplos como el anteriormente citado demuestran que éste no tiene limites de edad y que las víctimas no son siempre los más pequeños o los más débiles.

Básicamente, y de acuerdo con la psicopedagoga argentina María Zysman, su nacimiento se produce por un desequilibrio de poder en una relación entre dos o más personas. Las causas que motivan estas agresiones son muchas como: la violencia intrafamiliar, el mal ejemplo, falta de límites, hasta la baja autoestima y el sentimiento de inferioridad del hostigador. 

Frente a este conflicto, el consenso entre los expertos es que sin importar lo difícil que pueda parecer, se debe enfrentar al agresor y decirle que debe parar, que su actitud no es correcta y que no se la va a tolerar más. Al tener su origen en un desequilibrio de fuerzas, el bullying puede ser de distinta índole tales como: físico, verbal, psicológico, emocional, y hasta el económico. 

Respecto de este último, el mismo puede darse incluso contra toda una región, como es el caso de Santa Cruz, que desde hace más de una década es objeto de un innegable maltrato por parte del gobierno central, que más allá del intrínseco centralismo del sistema político nacional, demuestra una incomprensible hostilidad hacia la región. 

Pruebas de esto abundan, pero suficiente es el hecho que, a pesar de ser el departamento más poblado y que mayor aporta al PIB nacional, haya recibido desde el año 2009 en adelante una Inversión Pública menor en términos absolutos que la de otros departamentos y aún menor en términos per cápita.

 Esto se vio reflejado en un gran rezago en la dotación de bienes y servicios públicos para el departamento, puesto que de acuerdo a información oficial de YPFP y ABC respectivamente, se sabe que entre los años 2006 y 2019, se realizaron solo 200 mil conexiones de gas domiciliario en Santa Cruz mientras que en La Paz fueron 380 mil, y en el mismo periodo se benefició con una inversión de $us 2.026 MM en carreteras mientras que en La Paz, a pesar del  menor tamaño, la cifra alcanzó los $us 2.650 MM. El abuso y exclusión es aún más cruel cuando se da en el área de salud y en plena pandemia, como cuando el gobierno anunció recientemente la contratación de 3.025 profesionales para atender la pandemia de COVID-19, asignando solo 249 ítems para nuestra región, cuando por población le correspondían 847.

Desconocemos si este abuso se origina en algún tipo de complejo de inferioridad frente a esta tierra, pero sea cual sea la razón, este debe acabar y pronto. Es tiempo que todos nuestros líderes: políticos, cívicos y empresariales ejerzan su derecho y deber de decir, ¡BASTA YA!

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