31 de enero de 2022, 4:00 AM
31 de enero de 2022, 4:00 AM

Don Antonio Escohotado, filósofo español muerto en octubre pasado, aseguraba que la guerra contra las drogas ha llegado a un armisticio, y que la ONU se ha rendido: el enemigo es demasiado poderoso.

Él trabajó como traductor para la ONU en Ginebra cuando las oficinas destinadas a esa guerra albergaban a unos 700 expertos, pero en 2017 esas oficinas habían sido abandonadas. Una rendición silenciosa.

Autor de la biblia sobre el tema: Historia General de las Drogas, de 1.200 páginas, proponía en todas sus intervenciones (me las escuché casi todas en YouTube) la abolición de la prohibición.

Una prohibición que él la rastreó y encontró su génesis en la Ley Harrison de Estados Unidos, aprobada en 1914 para controlar el comercio del opio y las “sales de coca”, y luego convertida en un convenio de la ONU en 1971.

Abolir la prohibición sería, en este momento, como una bomba atómica que acabaría con una organización mundial, millonaria y poderosa, que ha incursionado en la política, como lo sabemos muy bien los bolivianos.

Y en la geopolítica. La coca boliviana ha convertido a Argentina en el cuarto exportador de cocaína de Sudamérica y ha conseguido que el Primer Comando da Capital (PCC) de San Pablo se ocupe de comercializar el producto en Europa mediante una alianza con la mafia calabresa Ndrangheta.

Una actividad que distorsiona la economía desde la agricultura, la industria y las finanzas. Un monstruo que no reconoce fronteras y opera con transnacionales gigantescas

Dice Escohotado que la humanidad ha convivido con las drogas en los últimos 3.000 años sin problemas y que es un error prohibirlas porque ha creado miles de Al Capones en el mundo.

En los años 80 la revista The Economist se adhirió a la corriente de quienes proponen la abolición de la prohibición. Por el momento la marihuana lleva la bandera de este frente.

En la página 87 de su libro, Escohotado incluye este párrafo que merece ser compartido:

“Desde el punto de vista etnobotánico, no deja de llamar la atención que un gran número de pueblos haya sabido encontrar en la flora de su hábitat una planta con base estimulante, capaz de hacer comer menos y trabajar más. Cola, cat, café, betel, coca, mate, guaraná, cacao, té y efedra han sido vehículos inmemoriales para semejantes fines en América, África, Asia y Oceanía.”

“La parte del planeta que genealógicamente produjo el mundo occidental no usó ese tipo de sicofármacos hasta bien entrada la edad moderna…”.

Los europeos optaron por fármacos de efecto inverso, como el vino.

Tags