Opinión

Blablablá

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27 de noviembre de 2019, 3:00 AM
27 de noviembre de 2019, 3:00 AM

“Resulta vano, Señor, prolongar este asunto. Los hombres podrán gritar: ¡Paz, Paz!, pero la paz ya no existe, la guerra ya ha empezado”. Dicha declaración, hecha por Patrick Henry en marzo de 1775 ante la Segunda Convención de Virginia, logró convencer a los asistentes que toda negociación con la corona inglesa era inútil, y que el camino más sensato era prepararse para lo inevitable, luchar.

En nuestros días, amplios sectores de la comunidad nacional e internacional, incluyendo la ONU, iglesias, las FFAA y la policía, políticos, movimientos cívicos y otros elementos de la sociedad civil realizan llamados desesperados al diálogo cual única vía posible para la pacificación del país. Sin embargo, y de acuerdo al criterio de muchos, fallan en reconocer que dicha fórmula no solo sería inútil, sino que por el contrario, intensificaría el grado de violencia.

Quienes promueven los bloqueos, tomas violentas de instalaciones del estado, atentados explosivos contra infraestructura pública, y otros actos de terrorismo, son grupos fuertemente ligados a las mafias internacionales del narcotráfico cuyo único lenguaje que reconocen es el de la fuerza, y cualquier otro lo consideran como señal cierta de debilidad.

Asimismo, su brazo político, el MAS, ha dado muestras claras a lo largo de su historia de operar bajo los principios maquiavélicos de que el fin justifica los medios y por lo tanto, nunca carecerán de razones legítimas para romper sus promesas, haciendo vano cualquier potencial acuerdo al que se llegue. 

Por lo mismo, es el momento de endurecer aún más las decididas acciones ya tomadas desde el Ejecutivo central, otorgando a la policía y las fuerzas armadas todo el respaldo y la dirección para que actúen con total firmeza y ocupando todos los medios a su disposición para liquidar los grupos violentos a la brevedad.

Recordando que ellos tienen no solo el derecho sino sobre todo el deber del uso legítimo de la fuerza en contra de quienes cometen actos criminales. Sin duda alguna que los hechos ocurridos recientemente en el país, como la confirmación del fraude electoral y la posterior renuncia y huida de Evo han sido, más allá de la irrupción de indudables y valientes liderazgos personales, el producto de un poderoso mover de Dios, quién es amor, lento para la ira y lleno de misericordia, pero también un Dios justo. Por lo tanto, no debemos confundir su misericordia con un pacifismo mal entendido, ya que El mismo instauró las autoridades y dijo: “¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno….Pero si haces lo malo teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo” Ro 13:3-4.

Por lo tanto, esperemos que a la brevedad los militares asuman un rol aún más protagónico, recordando porque se llaman Fuerzas “Armadas” y que no sigamos cometiendo el fatal error de depositar nuestras esperanzas de pacificación en llamados a acuerdos que, para los actuales enemigos de la democracia, no son más que discursos vacíos, solo un blablablá.



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