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31 de enero de 2024, 3:00 AM
31 de enero de 2024, 3:00 AM

Se va el primer mes de 2024. Bolivia retrocedió en el tiempo y volvieron las prácticas más perniciosas y antidemocráticas de la lucha política: los bloqueos. El tránsito en las carreteras estuvo interrumpido durante 19 de los 31 días de enero, un indicador que provoca alarma en la ciudadanía que, ajena a los vaivenes de la política, solo lucha por salir adelante.​

Los seguidores de Evo Morales cumplen diez días de bloqueo en diferentes carreteras. Exigen la renuncia de las auto prorrogadas altas autoridades del Órgano Judicial  y la pronta convocatoria a elecciones magistrados y consejeros; pero en el fondo esa movilización también es una evidente muestra de fuerza de Evo Morales contra Luis Arce, un capítulo más de la encarnizada pelea masista por la candidatura presidencial para 2025.

Morales utiliza a su antojo la radio comunitaria Kausachun Coca para alentar a sus seguidores, dar instrucciones e incluso hacer públicas supuestas filtraciones policiales sobre desplazamientos para restablecer la transitabilidad o frenar los excesos.

Súbitamente, al exmandatario le ha nacido un desconocido fervor por el respeto a la Constitución Política del Estado.

Evo también utiliza sus redes sociales con los mismos objetivos. Pero llama la atención que nunca se refiere a los daños, a las consecuencias económicas que se derivan de esta movilización. La danza de cifras es sorprendente, desde 10 millones de dólares diarios en el sector productivo de Cochabamba  hasta superar los 100 millones por día, a nivel nacional,  por el deterioro de productos en las carreteras, el incumplimiento de contratos y la pérdida de mercados.

A nivel microeconómico, hay datos preocupantes. Aproximadamente 50 mil personas se transportan por vía terrestre en el territorio nacional. Muchas están involuntariamente detenidas en algún punto de bloqueo o simplemente se quedaron en las terminales de pasajeros a la espera del reinicio de los viajes.

Las consecuencias de los bloqueos también se sienten en los mercados. Durante el fin de semana los consumidores paceños denunciaron que el kilo de pollo subió de Bs. 14 a Bs.18:50, 32 por ciento de incremento, y lo mismo sucede con las verduras y otros artículos de primera necesidad. Lamentablemente, las dificultades económicas de las familias más necesitadas no se reflejan en las estadísticas oficiales.

En ese contexto, llama la atención que el vicepresidente del Estado se haya tomado una semana para citar al diálogo a las principales fuerzas políticas y tratar de destrabar las elecciones judiciales. Es incomprensible tanta lentitud, salvo que resulten ciertas las hipótesis sobre el desinterés del Gobierno.

Tampoco dejan de sorprender las últimas declaraciones del presidente Luis Arce quien dijo en Oruro que el bloqueo debía suspenderse dada la cercanía del carnaval. Tratándose de la primera autoridad del país sería muy constructivo saber que el Órgano Ejecutivo está coadyuvando de la mejor forma posible en la búsqueda de consensos para superar la actual crisis.

El diálogo avanza a un paso muy cansino. Cuando se logren consensos mínimos para aprobar la convocatoria a las elecciones judiciales y un reglamento sano para seleccionar a los postulantes Bolivia habrá sumado dos semanas de bloqueo permanente con todas las consecuencias que ello implica. Cuando se despejen las carreteras, millones de ciudadanos que sufren por esta medida retomarán sus actividades y seguirán tratando de sobrevivir como puedan. De ellos no se acuerda Arce, Choquehuanca ni Evo. No son sus prioridades.

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