El Deber logo
6 de abril de 2023, 4:00 AM
6 de abril de 2023, 4:00 AM

Por Sandra Serrano de Dick y Gugui Roda de Sauto

La fe cristiana católica que profesamos desde nuestros tatarabuelos, ha sido siempre reconocida y respetada, y con solo darle una ojeada a las fotografías de la época podremos identificar, hasta por la vestimenta, a mujeres y hombres piadosos recorriendo nuestras calles polvorientas de aquel entonces, con el Santo Sepulcro en andas los Viernes Santos. Ellos pusieron sólidos cimientos a nuestras prácticas de piedad, dando testimonio público de su fe.

Corrían los años 70 cuando sucesivos acontecimientos se fueron desarrollando en la casona que fuera de propiedad de la familia Mozert, después llamada Centro de Estudios Universitarios, y que hoy conocemos como La Mansión. Dos sacerdotes norteamericanos de la Orden de los Dominicos, P Chris y Daniel, vivieron el bautismo del Espíritu Santo con una efusión de dones y carismas y tuvieron experiencias extraordinarias que contagiaron y transformaron para siempre la fe de este pueblo. Un Domingo de Ramos de 1973, se renueva el fervor religioso practicado hasta entonces y a partir de ahí una muchedumbre considerable experimentó el gozo de vivir la renovación de celebrar un Cristo Vivo con cantos, alabanzas, y con palmas en alto se vivió una verdadera efusión del Espíritu Santo.

Han pasado 50 años desde entonces, cargados de prodigios portentosos fruto de la acción ininterrumpida del Espíritu , no solo en nuestro pueblo, sino en todo el país y desde aquí a todo el continente, puesto que este avivamiento trascendió fronteras y mucha gente se congrega cada año en La Mansión para tener su propia experiencia de este Fuego Pentecostal.

Las celebraciones eucarísticas de cada mañana a las seis, son las únicas que duran una hora, porque las dominicales son de dos horas después de la pandemia; antes de ello duraban dos horas y media llenas de cantos alegres y participativos que hacen de esta celebración una verdadera fiesta que enamora a chicos y grandes, puesto que la juventud es atraída por la alegría contagiante de las mismas. ¡Nadie se cansa, nadie se rinde!

Otro ingrediente atractivo de las celebraciones carismáticas son los testimonios de lo que Jesucristo obra en la vida de la feligresía y que muchos galenos pueden corroborar en los milagros de sanidad, por ejemplo. Familias restauradas y rescatadas cada día por el poder de Dios que aletea en este santuario del Espíritu Santo en que se ha convertido La Mansión. Entre los testimonios que solemos escuchar, están los de muchos que, como SanPablo, creían servir a Dios con sincero corazón, pero que cuando son renovados en el espíritu, ven la vida a colores.

Los dones se derraman cada día y se siguen levantando hombres y mujeres que atienden una sociedad que busca reencontrarse con su Salvador. El amor de Dios será siempre la medicina apropiada para todos los males que aquejan al ser humano y que solo pueden saciarse espiritualmente. Eso es lo que ofrece La Mansión: ¡Vida nueva!

La Mansión es un centro católico de formación y evangelización que deja huellas imborrables en todos los que de una u otra forma han tenido la bendición de recibir los favores de Dios. Por eso nos vestimos de gala esta Domingo de Ramos, y agradecemos a Dios por habernos escogido para propagar este avivamiento, no solo estos 50 años, sino siempre. Podemos asegurar que, para la gloria de Dios, somos sal y luz para generaciones venideras. Felicidades a La Mansión, en todos los que están y los que vendrán.

Tags