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22 de enero de 2024, 3:00 AM
22 de enero de 2024, 3:00 AM

Bolivia es un país de contrastes y hoy no será la excepción. Mientras en La Paz se alistan para los festejos del Día del Estado Plurinacional que incluyen desfiles y discursos del Gobierno de Luis Arce, arropado por los sectores sociales afines a su gestión, en Chapare las Seis Federaciones del Trópico de Cochabamba y el Pacto de Unidad ‘evista’ ejecutan un bloqueo de caminos indefinido.​

Otra vez los bolivianos son víctimas de una protesta. Ante esta medida de presión, el Gobierno denunció enérgicamente el uso de lo que calificó como "matonaje político". Aseguran que se estaría llevando a cabo un acarreo forzoso de personas desde el Trópico cochabambino, obligándolas a bloquear carreteras bajo la amenaza de perder sus tierras.

La raíz del conflicto se encuentra en la candidatura a la presidencia que busca Evo Morales, quien lideró el país durante casi 14 años. El actual Gobierno sostiene que su postura no busca dividir ni promover el enfrentamiento, pero la situación en las carreteras del país refleja una realidad tensa y polarizada.

El bloqueo de carreteras ha sido históricamente utilizado como una herramienta de presión en la política boliviana, pero la acusación de "matonaje político" añade una dimensión preocupante al conflicto. El Gobierno afirma que el intento de forzar a la gente a participar en los bloqueos, bajo amenaza de perder sus tierras, va en contra de los principios democráticos fundamentales. La democracia implica el respeto a la libertad de expresión y la participación voluntaria, no la coerción y el miedo.

En 2023, de acuerdo a los datos de la Fundación UNIR, Bolivia vivió un promedio de 90 a 100 conflictos por mes; es decir, hasta tres conflictos por día. Así, es difícil construir una economía sólida y competitiva que convierta al país en un referente internacional para atraer inversiones.

Las cifras revelan que las exportaciones bolivianas sufrieron una disminución significativa, con pérdidas estimadas en millones de dólares debido a la interrupción constante en el flujo de mercancías. El bloqueo de carreteras provoca una pérdida de $us 120 millones por día, esencial para el transporte de productos, obstaculiza la conectividad y la distribución eficiente, y genera un impacto negativo en la competitividad internacional de Bolivia.

La candidatura de Morales añade una capa adicional de complejidad a la situación. Su regreso a la arena política despierta pasiones y divisiones en la sociedad boliviana. Mientras algunos lo ven como un líder carismático que encarnó los intereses de los sectores marginados, otros lo perciben como una figura que debería retirarse de la política, permitiendo el surgimiento de nuevas voces y liderazgos.

Conocedor del cansancio de la sociedad boliviana por los bloqueos y conflictos constantes, el expresidente Morales dijo ayer sentirse “sorprendido” con la determinación de las organizaciones sociales que dieron el martes un plazo de 72 horas a los magistrados para que renuncien. Pero sus palabras generan desconfianza cuando es inocultable su interés de volver al poder a toda costa.

En esta situación también destaca la necesidad urgente de fortalecer las instituciones democráticas y fomentar un clima político basado en el respeto mutuo y la participación voluntaria. En medio de este tenso escenario, es esencial buscar vías de diálogo y entendimiento. La polarización extrema no solo amenaza la estabilidad política, sino que también puede tener repercusiones económicas y sociales.

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