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26 de enero de 2023, 8:13 AM
26 de enero de 2023, 8:13 AM

Perú vive días aciagos desde el fallido autogolpe, destitución y encarcelamiento del expresidente Pedro Castillo. Esa vertiginosa sucesión de hechos desató un conflicto de imprevisibles consecuencias. Hasta la fecha se han contabilizado más de 50 muertes y no se advierte luz al final de túnel.

El gobierno de Dina Boluarte no ha vacilado en el uso de la fuerza en varias regiones del sur peruano y ha denunciado que detrás del apoyo a Pedro Castillo se esconden intereses políticos que pretenden afectar la integridad del Perú. Pese a las renuncias de varios de sus ministros y constantes rumores sobre su posible dimisión, Boluarte ha mantenido su discurso y sus duros ataques contra las poblaciones movilizadas.

No es la primera vez que Perú se encuentra en tan difícil encrucijada. El país hermano tuvo que sobreponerse al terror desatado por organizaciones como Sendero Luminoso y el MRTA, recuperó la esperanza con Alberto Fujimori y fue el mismo Fujimori quien posteriormente impuso un régimen autoritario con evidentes actos de corrupción y violaciones a los derechos humanos.

También es cierto que los gobiernos democráticos, más preocupados por su reelección que por sus propias gestiones, no han sabido cerrar las brechas de inequidad que mantienen a gran parte de las poblaciones en condiciones de extrema pobreza, sin acceso a salud, educación y vida digna.

Las decisiones asumidas por Boluarte y su gabinete, las muertes de civiles frente a efectivos de las Fuerzas Armadas Peruanas tendrán que ser investigadas y esclarecidas. A fines del siglo XX, en Perú se creó la Comisión de la Verdad que develó muchas atrocidades del régimen de Fujimori y los responsables se sometieron a la justicia. Ese es el camino y no la venganza.

En ese complejo contexto el expresidente Evo Morales ha cobrado un triste protagonismo. Morales ha sido acusado de ejercer activismo político en contra de la seguridad del Estado peruano y se le ha prohibido el ingreso al país. Varios de sus colaboradores también han sido acusados de tener vínculos con las organizaciones que se enfrentan al gobierno peruano.

¿Cómo ha respondido Morales? Con ataques verbales desde la radio “comunitaria” Kausachun Coca y mediante su cuenta de Twitter, con abiertas alusiones a las autoridades y la institucionalidad del Perú, olvidando incluso que como exjefe de Estado debe tener conciencia del respeto a la soberanía de cualquier país. Actitudes calificadas de injerencia abierta.

En la línea del jefe de su partido, el presidente Luis Arce también se ha permitido descalificar la institucionalidad del sistema de gobierno peruano, situación que ha generado la protesta diplomática oficial ante la embajada boliviana en Lima. Morales y Arce han llevado las relaciones bilaterales con Perú a uno de los niveles más bajos a lo largo de larga historia que une a ambas naciones.

Entre ambos países existen vínculos históricos, económicos y sociales de larga data. Bolivia y Perú son pueblos hermanos. Era de esperar que en las actuales circunstancias Bolivia actúe con sabiduría, solidaridad e inteligencia, tratando de propiciar diálogo y tolerancia en una sociedad que está enfrentada. Pero autoridades y exautoridades bolivianas han optado por echar leña al fuego en una muestra más de que el fundamentalismo ideológico es capaz de nublar el sentido común y la solidaridad con un pueblo que sufre. Triste papel de Bolivia en la crisis peruana.

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