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6 de octubre de 2023, 3:00 AM
6 de octubre de 2023, 3:00 AM

Este mes se cumplieron cinco años del fallo de La Haya en el diferendo marítimo entre Bolivia y Chile que enterró las aspiraciones diplomáticas por una salida soberana al océano Pacífico. Sin embargo, Bolivia tiene playa desde 1992. El Gobierno peruano cedió un pedazo de costa que mide 5 kilómetros de largo y menos de uno de ancho, mediante un documento firmado por Alberto Fujimori hace 31 años.

El objetivo del acuerdo era trasladar el flujo de la mercadería boliviana que hoy transita por puertos chilenos. La concesión es por 99 años y fue firmada también por el entonces presidente boliviano, Jaime Paz Zamora. Sin embargo, ningún Gobierno se ocupó del espacio para construir el puerto y, con el pasar de los años, solo queda un solitario monumento.

El diario peruano La República señala que, en la zona sur de la Costanera, en la carretera que recorre el litoral peruano, existe un letrero verde que invita a los viajeros a tomar la ruta de la derecha y dirigirse por un camino de tierra para llegar a Bolivia Mar.

Los planes del puerto internacional para sacar la producción boliviana solo quedaron en intenciones. Se construyó una estructura de 21 metros, que ahora luce oxidada y ya se le han desprendido varios pedazos.

Asimismo, se dijo que contemplaba la creación de una zona franca industrial en el territorio que corresponde a Perú con el objetivo de brindar facilidades a los bolivianos para que usaran los puestos de esa localidad. Es por ello que los gobiernos de ambos países anunciaron el tratado como un hito de gran importancia.

Sin embargo, con los años se ha conocido que esos convenios no daban a Bolivia soberanía sobre la franja, solo autorizaban un uso turístico. Los planes nunca se pusieron en marcha y tampoco se impulsó el turismo, ya que la playa está en mar abierto y no es muy atractiva.

Los únicos que sacan algún provecho son los pescadores peruanos, quienes aseguran que el área está llena de rocas afiladas que podrían dañar sus embarcaciones, pero que dejan un criadero de peces exclusivo para quienes trabajan en la orilla.

Cuando David Herrada fue nombrado en el 2017 cónsul de Bolivia en la ciudad peruana de Ilo, pensó que convertir aquel puerto en el principal punto de entrada y salida de productos de su país iba a ser una tarea simple. Las posibilidades enumeradas por los políticos eran muchas. Se habló de terminales de carga, hoteles, fábricas. Pero, poco después de instalarse en su nueva oficina, Herrada se dio cuenta de que sus expectativas no iban a cumplirse. Y de por qué, luego de décadas, en Bolivia Mar no había más que un desierto.

Según el ya extinto Herrada el sitio no funcionó para atracciones turísticas. Indicó a medios internacionales que solo un número corto de empresarios del país vecino utiliza Ilo por una simple razón: las tarifas son más altas que en los puertos chilenos. Con respecto al turismo, lo único que se logró construir fue la mencionada construcción metálica.

Una “gran victoria nacional, por volver a ser un país marítimo”, llegó a decir el líder boliviano, según recogió un artículo del diario español El País. Con el paso de los años, la realidad muestra una vez más que los políticos mienten y en los hechos no hay una salida comercial en Bolivia Mar, solo la posibilidad de invertir en una playa turística, no muy atractiva para los turistas.

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