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Tradicionalmente se ha responsabilizado a los países más industrializados de aportar al cambio climático por sus emisiones de dióxido de carbono (CO2). Y sí, tienen la mayor parte de la responsabilidad, pero en los últimos años ha irrumpido una problemática cada vez más seria en el lado más boscoso del mundo, sobre todo en la Amazonia: los incendios forestales.

Las consecuencias han llegado a tal nivel que la selva amazónica produce más de mil millones de toneladas de dióxido de carbono al año, mucho más del que puede absorber. La información fue lanzada en un estudio publicado en la revista científica Nature.

El bosque que antes era pulmón del planeta, hoy contribuye al cambio climático, y aunque Bolivia, particularmente, todavía no ha superado ese balance desfavorable, va por ese camino. Es uno de los países que desde 2019 tiene incendios forestales, y que en los últimos tres años ha sumado una superficie quemada superior a diez millones de hectáreas.

En 2019, como resultado de las 6,4 millones de ha quemadas, Bolivia emitió aproximadamente 159 megatoneladas de CO2, representando el 15% del total de emisiones en Sudamérica de ese año, según World Wildlife Fund (WWW), que se basó en un reporte de Copernicus, el sistema europeo de seguimiento de la Tierra, coordinado y gestionado por la Comisión Europea, con el auspicio de la Agencia Espacial Europea y de la Agencia Europea de Medio Ambiente y los países de la Unión Europea. “Este número de emisiones tiene un impacto directo en el cambio climático, dice el documento.

En los últimos días de octubre y hasta la primera quincena de noviembre, el país participa en la COP26, la conferencia número 26 de los países firmantes de la Convención del Clima, que se realiza en Escocia.

Durante su participación en el evento, el presidente Luis Arce enfatizó en que Bolivia es uno de los pocos que emite una mínima cantidad de carbono a la atmósfera, y que por eso el país no tiene mucha responsabilidad. Aseguró que el país está asumiendo el rol que le toca, al desarrollar un plan nacional que incluye el cambio de la matriz energética, para coadyuvar a reducir la emisión de carbono. Sin embargo, no firmó la declaratoria por los bosques y el uso de la tierra, lo que dejó desconcertados a algunos.

Para Eduardo Forno, director ejecutivo de Conservation International (CI), si bien la declaración era algo más simbólico, hubiera sido interesante que se firmara. “Lo que buscamos es el flujo de fondos adecuados, por ejemplo, para el Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP), que tiene una carencia de fondos, lo mismo para los territorios indígenas, entonces una declaración positiva de decir ‘firmamos’, puede ayudar a que haya flujos de fondos”, dijo.

A Forno le llamó la atención que Arce sí participara en la convocatoria de Jeff Bezos, el dueño de Amazon, que ha ofertado recursos para los países desde su fondo para la tierra. Para él, el equipo del Ministerio de Medio Ambiente y Agua (MMAyA) podría responder sobre las razones.

El director de CI cree que debería preocupar más lo local, donde históricamente falta cambiar la mirada, que ve al país como un espacio “vacío” donde pueden generarse acciones de economía, a través de la agricultura, minería, etc., no solo desde las políticas públicas, sino también desde las acciones en el presupuesto, y del empresariado y la sociedad en su conjunto. “Hay que dejar de usar el espacio de forma indiscriminada, los ambientalistas aún no hemos logrado convencer a los gobernantes ni a la sociedad en su conjunto”, lamentó.

Para Forno, la clave está en que la toma de decisiones no radique en el Gobierno nacional ni en las gobernaciones, sino en los municipios, los actores más cercanos a las distintas realidades. “Por eso la descentralización y la profundización de la toma de decisiones son claves para el tema ambiental”, agregó.

El experto valoró que Bolivia tiene casi 30% de la superficie del país en áreas protegidas (AP), nacionales y subnacionales, pero dijo que le falta manejarlas mejor, tener un financiamiento más sostenible. “Tenemos problemas muy grandes de deforestación, pero por otro lado también tenemos un sistema de AP muy importante y valioso en el contexto mundial, entonces no encuentro la coherencia entre no firmar y lo que tenemos como país”, reflexionó.

Una buena meta, pero alta

Uno de los grandes objetivos de la COP26 tiene que ver con la “ambición”. Ya en el Acuerdo de París, el Estado boliviano se comprometió a aumentar la superficie boscosa hasta 2030, a 3 o 4 millones de ha, por encima de las metas de otros países, con la idea de que la temperatura promedio del planeta no pase de 1,5 grados centígrados adicionales, ya que actualmente el mundo está en 1,2 grados, y la tendencia es que más o menos cada año suba 0,2 grados adicionales.

“Eso significa que en dos años más vamos a pasar el 1,5 grados, esa es la premura de que los países aceleren sus compromisos, y que con los compromisos actuales estaríamos por encima de dos grados”, dijo, y reconoció que la realidad muestra que la ansiada temperatura no será cumplida hasta el 2030.

“Seguimos perdiendo bosques y la cantidad de ha que perdemos está vinculada a dos cosas: incendios en general, pero también el uso de tierras sin visión de largo plazo; entonces, seguiremos avanzando sin aumentar la productividad. Si la incrementáramos, no necesitaríamos avanzar tanto en número de hectáreas”, aseveró.

La sugerencia de Forno es concentrar la actividad económica en los ejes donde hay más personas y más bien cuidar el medio ambiente, promover un turismo sostenible, y la gestión integral del bosque. “Seguimos deforestando y teniendo incendios muy fuertes, que en parte son provocados, pero que también se deben a una sequía muy grande producida por el cambio climático en los últimos años”, recordó.

Natalia Calderón, directora ejecutiva de Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN), que actualmente se encuentra en Glasgow, afirmó que para llamar la atención sobre la protección del 80% de la Amazonia no solo es posible y necesario, sino urgente, y que lamentablemente las promesas de los países aún no son suficientes para cumplir el objetivo propuesto. “Durante esta reunión se deben empujar compromisos más ambiciosos para asegurar la meta de cero neto global para mediados de siglo”, explicó.

Específicamente sobre Bolivia, dijo que el país ha ratificado la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, y también el Acuerdo de París, así que es parte del acuerdo multilateral.

“Lo que Bolivia no ha hecho es sumarse a la Declaración de Glasgow para la protección de bosques y el uso de la tierra. Sin embargo, esta declaración no tiene ningún instrumento de cumplimiento mandatorio, se trata tan solo de una declaración de buenas intenciones. Lo que el planeta necesita es que estos compromisos sean incorporados en sus contribuciones nacionales”, reflexionó.

Carmen Capriles, de Reacción Climática, dijo que su organización se encuentra haciendo incidencia política, exponiendo lo que se pretende como sociedad civil. “Este es un tema vital porque se incide en cuanto a la política pública en temas ambientales, como cambio climático, biodiversidad, mercurio, etc.”, dijo, y puso como ejemplo que gracias a estas gestiones se logró incluir en la Constitución Política del Estado la figura de los defensores de la biodiversidad.

Pueblos indígenas

Adolfo Chávez, relacionador internacional de la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (Coica), adelantó que en estos días la Coica dará conferencia en Glasgow para dar a conocer su indignación por la persecución de Chávez.

“Es una violación del derecho constitucional de todos los bolivianos a transitar libremente dentro del territorio nacional de Bolivia, y de su derecho a salir del país. Esta detención prematura y abusiva es ilegal”, dice el documento de respaldo.

De acuerdo a la Coica, Chávez es considerado un problema para el Gobierno boliviano que debe ser silenciado de cualquier forma posible, al extremo de bloquear su participación en la COP26,

“Es un evento importante para los indígenas, que somos guardianes de la cuenca del Amazonas boliviano. El liderazgo de Chávez y de su movimiento se opone al extractivismo brutal en curso llevado a cabo por China en Bolivia”, dice la carta.

En cuanto al rol de los indígenas en un evento como la COP26, Chávez explicó que la Coica ha puesto una meta de que hasta 2025 el 80% de la Amazonia debe estar jurídicamente consolidada para los pueblos indígenas, y que para que eso se cumpla debe haber recursos para el saneamiento del territorio.

“La base de todos los indígenas es la tierra, el principio es la conciliación del territorio ancestral, que jurídicamente esté consolidado, porque si no hay eso, existirá deforestación. La realidad de los pueblos indígenas en Bolivia es que hay desatención, el saneamiento de las TCO no avanzó más, y si el Gobierno está haciendo la risa del perro a los chiquitanos es porque hubo un financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo, que viene con el nombre de Bolivia y pueblos indígenas, para el saneamiento”, informó.

Chávez explicó que una figura de la que no habla el INRA es la que se llama saneamiento simple a pedido de partes. Dijo que se ha hecho el saneamiento, pero hay cosas que no se explican claramente

Para él, a pesar de los discursos, en Bolivia lo que se ha perfeccionado es una máquina de extractivismo y deforestación, y que con ese cometido se ha debilitado la institucionalidad encargada de la tierra y la protección del medio ambiente, como el INRA y la Autoridad de Fiscalización de Bosque y Tierra (ABT). “Pero el mundo ya sabe lo que pasa en Bolivia, y la mejor muestra es la postura de la Unión Europea”, finalizó.

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