20 de julio de 2023, 4:00 AM
20 de julio de 2023, 4:00 AM


No sé a quién se le habrá ocurrido esto tan acertado de Bolivia “país-tranca”, pero era un término recurrente que utilizaba mi querido y desaparecido amigo, Agustín Saavedra Weise. Agustín, diplomático de gran oficio, vasta cultura y entrañable recuerdo, mencionaba cada vez con mayor frecuencia a “Bloquivia”, vocablo que sí era de su creación. Con él y con Jorge Soruco Villanueva, otro colega diplomático de fuste y queridísimo amigo fallecido inesperadamente, nos pasábamos las horas del almuerzo o del café, asombrados e indignados de que nuestra nación pudiera sobrevivir ahogada por bloqueos diarios. Coincidíamos en que el bloqueo era una peste nacional, que se había iniciado en Chapare bajo el mando de Evo Morales y que se había extendido como una metástasis por el resto de la República.

Paros, marchas y bloqueos son el pan diario de Bolivia. Son inmisericordes con el pueblo pobre, hasta con los ancianos, niños y enfermos, que quedan desamparados en los caminos. No existe una jornada en la que no se produzca un paro, una marcha o un bloqueo, y, tal vez, con excepción de un domingo (los domingos los actores duermen para eliminar alcoholes), puedo apostar con quien quiera, que en algún lugar del territorio nacional sucede algo de lo que tanto nos preocupaba, no solo a mis dos amigos perdidos, sino a otros más, también compañeros de oficio o simplemente a personas sensatas.

Y si bien es cierto que las leyes nacionales permiten formular todo tipo de peticiones al Gobierno y libertad de movilizaciones para conseguirlas, también es verdad que la Constitución no admite que se produzcan paros o bloqueos carreteros porque un alcalde de pueblo haya incumplido con la construcción de una plaza, o haya existido una mala cosecha en una comunidad, o que volara el techo de una escuela por un ventarrón, o que un chofer ebrio o miope atropellara y matara a una vaca en un camino. Así no hay país que progrese. No es lo mismo que pare masivamente un departamento como resultado del clamor de sus habitantes para exigir justicia, como ha sido el caso de Santa Cruz.

Ahora nos ha tocado a los cruceños el “honor” de compartir con la sufrida ciudad de La Paz esa pesadilla, aunque en peor escala, porque en nuestro caso no solo hay frecuentes marchas callejeras –cívicos, salubristas, choferes, ambulantes, mercachifles, gays– sino lo más grave de todo, que son los bloqueadores; aquellos sujetos que obstruyen y se atrincheran en las carreteras y rutas vitales para el comercio agrícola, ganadero e industrial de nuestra región. 

Esos bloqueos son muchas veces políticos, con el ánimo de afectar a la producción cruceña para crear escasez, nada más que con el propósito de señalar que Santa Cruz no tiene un plan de desarrollo suficientemente serio y que sus empresarios no son tan eficaces como para confiarles la alimentación del país.

¿Qué ha sucedido con lo que Agustín Saavedra denominaba como “Bloquivia”? Simplemente que, por la tibieza o complicidad de los malos gobiernos de los últimos tres lustros, nos hemos ido “al tacho”. ¿De qué sirvió nuestra moderna y costosa carretera hasta Puerto Suárez, si los productores brasileños de Mato Grosso y Rondonia no se atreven a utilizarla porque cada día hay paros y bloqueos en Pailón y más allá también? ¿Nuestra carísima autovía va a servir solamente para el contrabando de cerveza de Corumbá o para ir a bañarnos a Aguas Calientes?

Bolivia tuvo, como una de sus metas geopolíticas desde los años 40, el ferrocarril Santos-Arica, que no se concretó porque hubo un tramo (Aiquile-Santa Cruz) que nunca llegó a realizarse. Fue una oportunidad perdida para haber sido una verdadera “tierra de contactos” y habernos beneficiado mucho. 

Resulta que hoy la tan anunciada carretera bioceánica que nos convertiría en el nudo de la unión del Atlántico con el Pacífico, se queda con escaso tráfico porque los activos productores brasileños no pueden estar pendientes del buen o mal ánimo de Pailón o Puerto Suárez, y ya están a punto de inaugurar la autovía Brasil-Argentina-Paraguay-Chile. Es decir que nuestros cuatro vecinos han construido una súper carretera al sur del “país-tranca” y tienen así una vía expedida para su comercio, que no pueda ser interrumpida por bloqueos insulsos que no le interesa a nadie. Santos-Campo Grande-Mariscal Estigarribia-Tartagal-Antofagasta, son algunos de los pasos de este gran Corredor Vial que elude, a propósito, a la anárquica “Bloquivia”.

A menos que los bloqueos se terminen, para atraer a los productores brasileños convincentemente, a Bolivia no le quedará más remedio que tratar de construir un ramal en el sur para hacerse invitar, como agregada, a la verdadera carretera bioceánica existente, cuyo paso principal ya no somos nosotros sino Paraguay, nación más confiable. ¿Se enteraría nuestra Cancillería que se estaba construyendo la ruta Santos-Antofagasta? ¿Lula no le contaría a Morales del proyecto? Porque al parecer ni Morales ni Arce querían intercambiar palabra con Bolsonaro, ya que en Bolivia están primero los amigos y luego los intereses.

Bolivia –y Santa Cruz por estar en el centro– es la región que está más lejos de sus vecinos. Sin puertos marítimos, sin un buen muelle soberano en la Hidrovía, con cuatro escasos aviones estacionados en las plataformas de El Alto y Viru-Viru y con sus carreteras bloqueadas día por medio. He ahí el “país-tranca”.

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