22 de octubre de 2023, 4:00 AM
22 de octubre de 2023, 4:00 AM

Bolivia, por mandato de su propia Constitución, se declara como un Estado pacifista que aboga por la solución pacífica de las controversias. Es más, idealmente es un ejemplo ante la comunidad internacional por haber otorgado a los pactos, convenios y tratados en materia de derechos humanos un rango supraconstitucional.
Naturalmente, para alcanzar los objetivos políticos y estratégicos de su propia Carta Magna, el Estado debería contar con un servicio diplomático de alto nivel cuyo trabajo y compromiso debería estar únicamente enfocado en el país y no en los afanes cortoplacistas de los gobiernos de turno.

La historia ha demostrado con creces que la diplomacia boliviana ha sumado lamentables fracasos desde la fundación de la República, allá por el 6 de agosto de 1825. Sin embargo, en 2009 se proclamó una nueva Constitución que, supuestamente, iba a sentar las bases de un sistema político firmemente comprometido con los altos intereses de la patria.

Luis Arce, David Choquehuanca, Evo Morales y centenares autoridades y exautoridades vinculadas al MAS han persistido en tratar de imponer un nuevo relato histórico que inicia el 22 de enero de 2010 con la creación del Estado Plurinacional. Pues bien, por necesidad metodológica, vale la pena analizar algunos hechos relevantes desde esa fecha fundacional, aunque una gran parte de la población resista y rechace ese relato. 

Recientemente, la Cátedra de Periodismo Pedro Rivero Mercado de la Universidad Privada Franz Tamayo propició un conversatorio sobre el estado de la diplomacia boliviana en el que participaron cuatro expertos en materia de Derecho Internacional: Karen Longaric, Reimy Ferreira, Rubén Darío Cuéllar y Javier Viscarra Valdivia. En ese evento surgieron revelaciones que no pueden ser pasadas por alto.

En ese contexto, corresponde recordar el peor fracaso diplomático de la historia reciente; nos referimos a la derrota ante Chile en la Corte Internacional de Justicia en la demanda impulsada por el expresidente Evo Morales, el excanciller David Choquehuanca y el agente boliviano ante La Haya, Eduardo Rodríguez Veltzé. A ellos se sumaron todos los exmandatarios, menos Gonzalo Sánchez de Lozada, y destacó el rol de vocero principal desarrollado por Carlos Mesa.

Quedó establecido que la tesis boliviana de que los actos unilaterales de los Estados fundaban derechos expectaticios no tenía asideros fuertes ni convincentes. Fue una aventura audaz que terminó en un fallo lapidario. Aún así, la Corte de la Haya exhortó a los países litigantes a mantener el diálogo para encontrar una solución al enclaustramiento boliviano, pero nunca más la Cancillería hizo gestión alguna.

Posteriormente vino el fallo sobre las aguas del Silala. Todo empezó por los excesos verbales del expresidente Evo Morales que, en su calidad de Jefe de Estado, nunca supo respetar los códigos de la diplomacia. Ante las amenazas de Evo, Chile demandó a Bolivia por el uso compartido de las aguas que fluyen de territorio boliviano a chileno.

Dos detalles importantes: primero, que la defensa boliviana se basó en el libro de un geólogo boliviano e ignoró un estudio de Sergeomin, que data de 1997, en el que se establecía que sí había un curso natural de aguas, más allá de las obras civiles de las que tanto se habló en su momento, y, segundo, que en 2019 Chile le propuso a Bolivia retirar la demanda y cerrar un acuerdo, propuesta que no fue escuchada por Evo Morales.

Mención aparte para el canciller Rogelio Mayta que en tres años de trabajo no supo ni pudo gestionar la designación de embajadores en países claves para Bolivia como Brasil, China, Viena donde se discuten y definen los parámetros internacionales para el combate al narcotráfico, o Panamá, donde próximamente se definirán los ejes temáticos para la próxima Cumbre sobre el Cambio Climático.

Finalmente, se debe mencionar una funesta representación de los intereses comerciales de Bolivia en la Comunidad Andina de Naciones, principal mercado regional para las exportaciones no tradicionales.
Síntesis: no es lo mismo carrera diplomática que diplomacia a la carrera. Bolivia va por la segunda opción y sumarán más fracaso para formar una voluminosa enciclopedia del absurdo.

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