Escucha esta nota aquí

Ojos llorosos, rinitis, estornudos, tos... se agravan en otoño. Y es que el calentamiento del planeta está incrementando los casos de alergia y asma, según lo advierte la Organización Mundial de Alergia, que comprende 97 sociedades médicas. Pero no eso no es todo, se espera que el problema vaya en aumento, pues varios factores relacionado con el cambio climático están influyendo en la proliferación de plantas y su producción de polen, por lo que cada vez más personas podrían verse afectadas.

De hecho, dos artículos divulgados en las últimas semanas advierten este problema. El primero se refiere a un estudio de concentraciones de polen en Norteamérica entre los años 1990 y 2018 y los resultados, que se publicaron en febrero de este año en la revista PNAS, indican que en este intervalo ha aumentado considerablemente la concentración de polen en el aire y, además, que las temporadas de alergias son cada vez más largas.

Mediante un conjunto de modelos climáticos, los investigadores demostraron el importante papel del cambio climático antropogénico en este efecto.

Según los autores, la temporada de alergia se habría alargado hasta veinte días en los últimos treinta años.



TRANSPORTE DE POLEN A LARGA DISTANCIA

El segundo estudio ha utilizado datos de Alemania e introduce una nueva variable: el transporte de polen a larga distancia y su influencia sobre la temporada de alergias.

Se sabe que el polen puede viajar cientos de kilómetros y, con patrones climáticos cambiantes, es posible que muchas personas estén expuestas a polen procedente de especies a las que sus organismos no estaban habituados.

Para recabar datos, los investigadores eligieron seis estaciones de monitoreo de polen en la región de Baviera, y descubrieron que para especies como el avellano y el aliso, la temporada de polen se adelantó hasta dos días por año en el periodo de 1987 a 2017.

Otras especies que suelen florecer más tarde, como el abedul y el fresno, adelantaron sus temporadas en torno a medio día cada año.
Para diferenciar entre polen local y polen transportado, los científicos estudiaron los patrones pretemporada. Por ejemplo, si las estaciones de monitoreo detectaban polen de abedul en el aire, pero los abedules de la zona aún no había florecido, se consideraba que el polen venía de otra región. “Nos sorprendió que el transporte de polen de pretemporada fuera un fenómeno bastante común que se observa en dos tercios de los casos”, explica Annette Menzel, profesora de Ecoclimatología en la Universidad Técnica de Munich.

Esta variable puede modificar las estimaciones que solo tienen en cuenta la floración local para estimar el efecto del cambio climático sobre la temporada de alergias.

Para los autores del trabajo, publicado en la revista Frontiers in Allergy, es fundamental incluir este factor en las predicciones de los escenarios futuros. Lo que sucede a grandes distancias puede tener efectos en las alergias que se sufren a nivel local y para abordar el problema es necesario tener en cuenta los cambios en los usos del suelo y en la cobertura de vegetación, pues todo esto afecta a los patrones anuales de polen y, por lo tanto, a la salud respiratoria humana.

Los efectos del cambio climático incluyen nuevos alérgenos, más casos de alergias, mayor duración de las manifestaciones y mayor intensidad de estas.

“Estamos viendo un incremento tanto en el número de personas alérgicas como en los alérgenos que las provocan”, explica Leonar Dielory, profesor especialista en alergias del Centro de Predicción Medioambiental de la Universidad de Rutgers (Estados Unidos) a la revista Environmetnal Health Perspectives. En la región francesa de Rhône-Alpes, por ejemplo, la prevalencia de la fiebre del heno (rinites alérgica) ha aumentado un 4% entre los años 2014 y 2015.

La causa es principalmente el aumento de la producción de polen por parte de las plantas.

Algunas gramíneas y otras hierbas que proliferan especialmente con el calor tienen flores que apenas vemos pero cuyo polen puede tener un potencial alergénico, en primavera y otoño.



¿POR QUÉ AUMENTAN EL POLEN CON EL CAMBIO CLIMÁTICO?

El cambio climático favorece la producción de polen mediante un peligroso círculo que se retroalimenta y que entenderemos mejor si observamos sus diferentes pasos:

1. Hay más C02: cuando liberamos más CO2 a la atmósfera, sube la temperatura global. Pero el CO2 no solo es responsable del aumento de las temperaturas sino que, además, supone más alimento para las plantas.

2. Mayor producción de azúcares: tanto el carbono liberado como el calor ‘alimentan’ la producción de azúcares durante la fotosíntesis, lo que permite a las plantas crecer con más fuerza.

3. Más polen: al crecer con más fuerza, las plantas producen más polen.

4. Más casos: como consecuencia de la mayor presencia de polen en el aire, cada año aumentan los casos de alergia y asma en las poblaciones más expuestas.

Comentarios