14 de diciembre de 2021, 5:00 AM
14 de diciembre de 2021, 5:00 AM

Al menos 15.000 familias de la región de los Yungas del departamento de La Paz abandonaron el negocio del cultivo de coca excedentaria y que se destinaba al narcotráfico, para dedicarse a sembrar y cosechar café que venden al mercado europeo. Así podría comenzar, de aquí a un tiempo, la redacción de una noticia que sería para celebrar a lo grande si prospera un hasta ahora auspicioso plan piloto de sustitución que impulsa el sistema de Naciones Unidas en Bolivia.

Después de varios ensayos, que se desarrollaron desde 2018 con granos de la zona de La Asunta, zona roja de cultivos excedentarios de coca en Yungas, finalmente la empresa francesa compró 12.420 kilogramos de café a la Asociación Integral de Productores Agroecológicos El Mirador y pagó $us 41.000 dólares por la transacción.

Malongo firmó un acuerdo por cinco años con los productores de La Asunta para comprar 400 toneladas de café por año. Esa cantidad es el objetivo de la primera etapa, pero la expectativa de la compañía francesa es incrementar la cantidad del grano cada año.

Como parte del acuerdo, la torrefactora brindará asesoramiento a los productores para que el café conserve los niveles de calidad que exige el mercado europeo.

El objetivo, dice Thierry Rostan, representante en Bolivia de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Undoc), es pasar del actual proyecto piloto que beneficia a 600 familias en La Asunta, a unas 15.000 familias en Caranavi, Alto Beni, Chulumani, Coripata, Coroico y otros municipios que han tenido incrementos en su producción de coca excedentaria.

Entre 2019 y 2020, las plantaciones de coca en Yungas subieron en al menos 15 por ciento y alcanzan a 29.400 hectáreas. Esa cantidad excede en 7.400 (25 por ciento) al límite permitido de 22.000 hectáreas en la Ley 906 de 2017, que sustituyó a la ley 1.008, la que autorizaba una cantidad máxima de 12.000 hectáreas de coca legal para uso tradicional.

Si bien las perspectivas de la sustitución de una economía ilegal por una legal son alentadoras, el camino aún es largo y tiene que considerar también el convencimiento de otros sectores directamente relacionados con la producción de coca que se destina al narcotráfico.

La comunidad internacional ha invertido millonarios recursos desde hace décadas en promover el denominado desarrollo alternativo a los cultivos de coca en Bolivia, con resultados muy parciales, poco sostenibles y también muchos fracasos.

La gran pregunta sobre el tema es qué pensarán los cocaleros de la región del Chapare con su presidente de las federaciones Evo Morales. ¿Estarán dispuestos ellos a abandonar la economía ilegal y relacionada con el narcotráfico para dedicarse a cultivos permitidos? En esa región del país, la coca no solo organiza a sus protagonistas en torno a razones económicas, sino también los aglutina en torno a la búsqueda y la administración del poder político de todo un país.

De todas formas, si al menos prosperan los planes para producir y exportar café en Yungas en lugar de coca, será un logro digno de resaltar.

Tags