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El narcotraficante más buscado de Colombia, Dairo Antonio Úsuga (alias ‘Otoniel’), por quien Estados Unidos ofrecía una recompensa de cinco millones de dólares, fue capturado por autoridades colombianas, informó el gobierno ayer.

”Reconocimiento especial a Fuerza Pública (...) por captura en Necoclí de Dairo Antonio Úsuga, alias ‘Otoniel, jefe máximo del Clan del Golfo”, expresó el alto consejero presidencial, Emilio Archila, en un mensaje de Twitter.

La caída del jefe de la banda narco más grande de Colombia representa el principal golpe del gobierno de Iván Duque al crimen organizado en el país que más exporta cocaína en el mundo.

Úsuga, de 50 años, lidera un grupo armado que se autodenomina Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) y hace presencia en casi 300 municipios del país, según el centro de estudios independiente Indepaz.

El capo fue capturado en Necoclí, uno de sus principales fortines de las AGC, también conocida como Clan del Golfo.

La organización ha sido diezmada por una serie de golpes de las autoridades contra el círculo cercano del capo, que se ocultaba durmiendo en la selva y sin utilizar teléfonos, según la policía.

El más buscado

Alias “Otoniel” era buscado intensamente desde 2015 en la región de Urabá por miles de policías y militares participantes en las dos fases de la “Operación Agamenón”, mediante la cual fueron abatidos y capturados decenas de hombres a su mando y se incautaron toneladas de cocaína.

En septiembre de 2017, tras la firma de la paz con las FARC y la apertura de diálogos con la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN), alias “Otoniel” anunció en un video colgado en las redes sociales su intención de someterse a la justicia, lo que hizo pensar a los colombianos en la posibilidad de alcanzar la paz después de más de medio siglo de conflicto armado en varios frentes internos.

Según el gobierno colombiano, el Clan del Golfo es responsable del envío de toneladas de cocaína a Estados Unidos, así como de montar una red criminal dedicada a cobrar extorsiones a empresarios y comerciantes en la región de Urabá, fronteriza con Panamá, y en la costa Atlántica principalmente.

También se le acusa de asesinar a numerosos policías y líderes sociales como parte de su estrategia de terror en las zonas en las que opera la banda.

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