Opinión

cara a cara

1 de noviembre de 2019, 3:00 AM
1 de noviembre de 2019, 3:00 AM

 ¿Por qué el Estado observa los enfrentamien­tos y no actúa para controlar el conflicto?
El miér­coles hubo violencia extrema y dolorosa en el norte del departamento. Dos personas fueron asesinadas, hay decenas de heridos e incuantificables daños materiales en el norte cruceño, en la zona del Plan 3.000 y también en Cochabamba.

Nada justifica que bolivianos se maten entre ellos; no es tolerable que se utilicen armas de fuego contra otros porque pien­san diferente.

Hay responsabilidades que se asumen por acción y por omisión. Que la Policía no inter­venga para prevenir esos hechos es totalmente cen­surable y queda registrado en la historia. 

Que los ministros reaccionen solo para culpar a los adver­sarios circunstanciales no solo es intolerable, tam­bién es condenable.

El valor de la vida debe preva­lecer ante cualquier otra consideración. Y las autoridades (sean del partido que sean) deben asu­mir que su primer deber es precautelar la unidad y la seguridad del pueblo al que gobiernan.

Comienza el décimo día de paro. Las lágrimas ya salen con facilidad de los ojos que esperan solu­ciones en las rotondas donde hay concentraciones.

El cansancio es evidente, pero también lo es la fuer­za de quienes están dispuestos a seguir en pie de lucha. Son muchas voluntades y necesitan lideraz­gos que den la talla. Por eso las determinaciones que se asumen deben ser responsables con un pueblo que está sacrificándose.

Bolivia necesita tener un mejor horizonte.

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