Opinión

cara a cara

31 de diciembre de 2019, 3:00 AM
31 de diciembre de 2019, 3:00 AM

12814.png Sabemos que ser diplomático implica tener tacto para las relaciones sociales y para tratar asuntos delicados discretamente. Siendo un poco mordaces, podemos traducir aquello como el arte de hablar bonito sin complicarse demasiado. Esto parece confirmarse luego de conocerse las posiciones oficiales de los gobiernos de México y de España a raíz del escándalo de los encapuchados españoles que merodeaban por la embajada mexicana.

12817.png Esto dice México respecto del repliegue forzado de su embajadora: “(Ella) ha obtenido condecoraciones de naciones..., siempre cumplió con los principios de política exterior consagrados en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y en el Derecho Internacional, por lo que considera que esta decisión es de carácter político”. Ni una palabra sobre los encapuchados; como si los méritos de la diplomática los exoneraran de brindar explicaciones. El “carácter político” lo cubre todo.

 12820.png Esto dice España luego del repliegue de sus rambos: “España rechaza tajantemente cualquier insinuación sobre una supuesta voluntad de injerencia en los asuntos políticos internos de Bolivia. Para España, cualquier afirmación en este sentido, constituye una calumnia dirigida a dañar nuestras relaciones bilaterales con falsas teorías conspiratorias”. Ninguna explicación sobre los encapuchados en “visita de cortesía”. Al final, cambiarán a sus representantes y todo volverá a su cauce diplomático.

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