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cara a cara

Juan Carlos Rivero 17/3/2020 03:00

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_Las costumbres son difíciles de cambiar, aun cuando se nos recomienda suprimirlas por cuestiones de contagio. 

El saludo con apretón de manos, por ejemplo, está tan arraigado en nuestra cultura que sentimos que le estamos haciendo un desaire a alguien al dejarlo con la mano extendida.

 ¡Y cómo nos cuesta decirle a nuestros familiares y amigos que dejemos de lado los abrazos y besos!.

Hace poco asistí a una reunión convocada para hablar del coronavirus, donde se suponía que todos los asistentes (autoridades, médicos, periodistas) estaban mínimamente enterados de esas recomendaciones de distanciamiento social, pero muchos no pudieron con su genio: al toparse con viejos amigos, los efusivos apretones de mano, con abrazo incluido, no se hicieron esperar.

 _Se dice que el apretón de manos es antiguo, que surgió como un gesto amistoso, pues demostraba la ausencia de un arma. Pero de un tiempo a esta parte, los seres humanos ya no andamos agarrando una cachiporra por detrás de la espalda, motivo más que suficiente para suprimir del todo el tan antihigiénico saludo.

La crisis actual nos está obligando a saludarnos de otra manera: agitando la mano, juntando codo con codo, piecito con piecito o una palmadita en la espalda. 

El saludo thai (tailandés), que consiste en juntar las manos como rezando a tiempo de hacer una reverencia, es sin duda el saludo más respetuoso, elegante, digno y –de yapa– higiénico. Seguro que muchas cosas buenas saldrán de la adversidad; espero que una de ellas sea la eliminación del cochino apretón de manos.



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