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Cara a cara

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30 de agosto de 2020, 5:00 AM
30 de agosto de 2020, 5:00 AM

Entre Bolivia y Argentina se reconoce la existencia de unos sólidos lazos fundados en la historia y la tradición. Incluso, un boliviano notable, Cornelio Saavedra, nacido en Potosí, fue presidente de la Primera Junta de Gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata, actual República Argentina. Saavedra fue también uno de los protagonistas de la Revolución de Mayo de 1810 en Buenos Aires. Se trata pues de dos pueblos hermanos que se respetan y se aprecian. Que, como buenos vecinos, son capaces de superar cualquier diferencia porque es mucho más lo que los une que aquello que pudiera distanciarlos. Es grande y laboriosa la comunidad boliviana asentada en Argentina y, aunque en menor cantidad, los argentinos pueden también sentirse casi como en casa en territorio boliviano donde viven y trabajan. Por añadidura, el intercambio comercial es de significativa importancia para la economía y el desarrollo de ambas naciones.

En el marco de mutuas consideraciones la relación bilateral siempre fue fluida y cordial. Una relación que se muestra tensa y deteriorada en el último tiempo por razones ideológicas estimuladas por una sesgada y errónea interpretación de los hechos que, a finales de 2019, derivaron en la renuncia y fuga del expresidente Morales y en la sucesión constitucional y transitoria de Jeanine Áñez, cuya presidencia no reconoce formalmente su par argentino Alberto Fernández. Lo tiene obnubilado la idea de que en Bolivia se produjo un ‘golpe de Estado’ y deliberadamente ignora el grotesco fraude electoral del 20-O que remató el desgobierno del ‘proceso de cambio’, una aventura azarosa que duró catorce años hasta que los bolivianos hastiados dijeron basta. Por eso Fernández no ha designado embajador en La Paz y le permite al dictatorial caudillo que halló cobijo de lujo en Buenos Aires, extralimitarse en su condición de asilado como jefe de campaña del masismo, aunque jaqueado por graves denuncias por estupro en su contra.

Desaprensivamente, el mandatario argentino se ha encargado de abonar el terreno de las rispideces. Y lo propio están haciendo funcionarios de su gobierno como el subsecretario de Obras Públicas que, con el mayor desparpajo, se ha referido a las elecciones generales a celebrarse próximamente en Bolivia, al voto de los bolivianos en Argentina y al gobierno de Jeanine Áñez en una clara y torpe injerencia en los asuntos internos de un país ‘digno y soberano’ como Morales lo calificaba con frecuencia, ahora celebrante risueño e imperturbable de la inadmisible e irrespetuosa intromisión ejercida por sus circunstanciales aliados rioplatenses. Para pedir las explicaciones del caso y porque es necesario ponerle freno al atropello desembozado, la Cancillería ha convocado para este lunes al Encargado de Negocios de la RA residente en La Paz. Es de esperar que no vayan más lejos las gratuitas desaveniencias provocadas desde la Casa Rosada porque importa, y mucho, por encima de cualquier cálculo o interés mezquino, preservar el añejo y profundo vínculo entre dos naciones hermanas.

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