Opinión

Cara a cara

8 de octubre de 2021, 5:00 AM
8 de octubre de 2021, 5:00 AM

_Credibilidad y confianza son los pilares fundamentales de un régimen democrático. Esos valores permiten que los ciudadanos de un país acepten, sin objeción alguna, el manejo de los asuntos públicos. Situaciones de crisis profunda como las que Bolivia soporta actualmente, exigen un gobierno que tenga e inspire un alto grado de credibilidad y confianza. Es el aval requerido para conducir a la sociedad en un rumbo determinado para lograr lo mejor o evitar lo peor. A punto de cumplir un año al mando de la nave del Estado, la gestión de Luis Arce Catacora navega en aguas procelosas y tiene bastante desportillados esos pilares y crispados los ánimos de los bolivianos con actitudes y decisiones erráticas que estallaron en conflictos de complicada resolución y que no ha sido capaz de enmendar.

_El nuevo estatuto del MAS establece en su artículo 67 que para ser funcionario o servidor público hay que acreditar militancia partidaria y aportar ‘voluntariamente’ en las reparticiones que dependan del ‘instrumento político’. La norma que fue registrada recientemente por el TSE, no reconoce la figura de autoridades neutrales ni independientes a escala nacional, departamental, regional y municipal. “Todos y todas deben ser militantes del MAS-IPSP”, subraya. En el mismo acápite, el masismo no suscribe referencia alguna de la meritocracia, idoneidad y experiencia, absolutamente imprescindibles como prenda de garantía para la administración pública que se pretende convertir en feudo, piñata y fuente de corrupción de una organización política empoderada.



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