OpiniónOPINIÓN

Cara a Cara

14 de enero de 2022, 4:00 AM
14 de enero de 2022, 4:00 AM

 Miles de bolivianos viven momentos dramáticos en Chile. El lunes, un voraz incendio redujo a cenizas 250 precarias viviendas en Laguna Verde, un caserío localizado en Iquique, al norte del vecino país y donde unos 400 compatriotas “arañan la tierra tratando de reconstruir sus vidas” porque lo perdieron todo. Quedaron con lo del cuerpo. Por suerte, el siniestro no causó daños humanos y las autoridades de los dos países han anunciado ayuda con viviendas sociales y la reposición de documentos para que los afectados por el fuego puedan acceder a ese y otros beneficios. Esos anuncios han encendido una luz de esperanza entre los caídos en desgracia. Es de esperar que se cumplan y que el apoyo, especialmente del Gobierno de Bolivia, se haga efectivo sin pérdida de tiempo.

También el drama alcanza a 1.300 choferes bolivianos de transporte pesado atascados en la zona fronteriza de Chungará y Tambo Quemado. No pueden ingresar a territorio chileno mientras no presenten las pruebas antivirus que demora en entregarles un reducido personal sanitario. La espera se ha vuelto un calvario porque además de temperaturas bajo cero, no cuentan con acceso a servicios básicos y la alimentación escasea. Por si fuera poco, sufren fuertes pérdidas económicas por las multas de empresas navieras ante el retraso en la entrega de carga en puerto, en especial minerales y soya. En este caso que demanda urgente atención, Bolivia propuso a Chile el envío de médicos para reforzar la toma de antivirales a los transportistas varados en inhóspito sitio y en condiciones infrahumanas.

Tags