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Cara a Cara

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4 de febrero de 2022, 4:00 AM
4 de febrero de 2022, 4:00 AM

El despacho se inunda de funcionarios y amigos. Uno trae cajas de cerveza aún selladas; otro coloca un pendrive en el equipo de música. Suena discretamente la Morenada del amor de Jach’a Mallku. El flash tiene cuatro gigas de canciones, de las más diversas y de varias épocas; la mitad son bailables, la otra mitad cortavenas.

En la playlist hay desde música nacional, artistas como Cristian Nodal o Brindis y está incluso la Cumbia boliviana de Bonny Lovy. Alguien pide que el gobernador abra la reunión con unas palabras de bienvenida en aquel after office improvisado. Él prefiere evitar el protocolo, levanta la primera lata y el sonido de la lengüeta que se desprende del aluminio es el disparo, el “¡que comience la fiesta!”. Entonces otras latas se distribuyen de mano en mano, sube el volumen de la morenada en la parte del “si tú comprendieras qué siento al mirarte, no podrías negar ansias de amarme”. Truena el ambiente y tiemblan algunos cuadros colgados en las paredes. Es el primer día de febrero. Están dando la bienvenida al mes del Carnaval.

Horas después, cerca de la medianoche, alguien entra al lugar haciendo un live por Facebook. De inmediato un par de asistentes a la “party” también levantan sus celulares para grabar: es una escena de revólver contra revólver de un spaguetti western, celular contra celular, “me filmas, yo te filmo”. En ese instante, la música calla en lo mejor de la noche. Estaba sonando Me emborracharé de la cachorra Nadya Portillo… Así pudo haber ocurrido la “siembra” de la derecha en las oficinas del gobernador.

Las semillas no fueron bien enterradas, quedaron como latas aplastadas sobre la alfombra roja. Y pukutún pakatá, con cervecita alemana cañaron.

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