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Cara a Cara

15 de febrero de 2022, 4:00 AM
15 de febrero de 2022, 4:00 AM

La desesperanza gana, por ahora. ¿Cómo llamar de otra manera al sentimiento mayoritario frente al sistema judicial que hay en el país? Miles de litigantes que peregrinan por los pasillos de los tribunales sacando hasta el último centavo para pagar los trámites y las notificaciones, cuando no a los que fallan a favor o en contra de sus causas, cual si fuera remate al mejor postor. Cómo denominar a esa ya sabida denuncia de que hay consorcios entre policías, fiscales, abogados y jueces que confabulan para esquilmar al desesperado. Ni qué decir cuando se observa que si el poder puso en la mira a un adversario político no habrá quién lo salve, porque muchas decisiones se toman no a la luz de las pruebas, sino desde los escritorios de ministros.

Hay una reforma judicial en puerta, pero la desesperanza continúa. Ya se debatió el tema en la Constituyente y le mintieron a la ciudadanía haciéndole creer que la elección de magistrados resolvería el problema. Poco tiempo pasó para constatar que el remedio fue peor que la enfermedad. Detrás de esos argumentos pesa la convicción de que la justicia es un arma para aplastar al enemigo, sea el gobierno que sea. El debate sobre los cambios lo lideran los políticos. Ahora reconocen que éste es el peor momento para la justicia, pero cuesta creer que les interesa reformarla.

La llegada de García Sayán puede ser un punto de inflexión, o no. Lo importante es que su presencia sea oportuna para decirle al mundo cómo está Bolivia, cómo están sus tribunales, como un grito desesperado. Quizás el mundo escuche y ayude en algo a eliminar esta desesperanza asfixiante.

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