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21 de febrero de 2022, 4:00 AM
21 de febrero de 2022, 4:00 AM

García-Sayán por aquí, García-Sayán por allá. Su presencia fue esperada en el país como si se tratara de la llegada del Mesías del cristianismo, el salvador de Bolivia, el que vendría, miraría y con su informe compondría la podrida justicia boliviana y la haría independiente, imparcial, objetiva, honesta, ecuánime y equitativa, casi como por arte de un artilugio milagroso. Una vez más los bolivianos empeñamos la solución de nuestros problemas a alguien que viene de afuera.

El señor Diego García-Sayán es funcionario de un organismo internacional, en este caso del sistema de Naciones Unidas, que trabaja por mandato y financiamiento de los Estados. En otras palabas, el Gobierno de Bolivia, junto a los gobiernos de la comunidad internacional, paga su sueldo. Por esa razón, llegó al país por invitación del Gobierno boliviano, con el primero que se reunió es con el canciller, y con el último que se reunirá es con el presidente del Estado. ¡No esperará alguien que el funcionario le diga sus verdades en su casa al que lo invitó a visitarlo y que además paga su misión y sus honorarios!

Una gran mayoría de los funcionarios de organismos internacionales son burócratas que en sus juventudes abrazaron ideas de la izquierda radical. Con el paso de los años descubren que una forma de vivir cómodamente, lucrar, viajar y apoyar los regímenes socialistas o populistas es postular a un puesto de organismo internacional. Y vida resuelta. Así que no se espere mucho de García-Sayán, ni del GIEI ni tantas otra misiones, comisiones, enviados o relatores que llegan al país.

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