Opinión

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Cara a Cara

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20 de julio de 2022, 7:37 AM
20 de julio de 2022, 7:37 AM

Según la RAE, un bufón “es un personaje cómico encargado de divertir a reyes y cortesanos con chocarrerías y gestos”. En esos afanes y con un casco de seguridad que, cómicamente, apenas cubría su cabeza, las cámaras de BTV mostraron al ministro de OO.PP, Servicios y Vivienda, Édgar Montaño, durante la reciente entrega de un proyecto carretero entre Viacha y El Alto, en acto encabezado por el jefe de Estado.

 Mientras hacía uso de la palabra e intentaba ser gracioso, Montaño sonreía con socarronería. Pero no conseguía divertir a su audiencia. Tampoco dejó de interpretar el papel que mejor le sale: Cuje principal del Gobierno contra el gobernador cruceño. También se echó flores por haber logrado, después de cuatro días, -toda una hazaña para él,- la suspensión de un bloqueo que cortó la circulación entre Santa Cruz y Beni por una demanda de organizaciones afines al oficialismo y que arrojó fuertes pérdidas a sectores productivos de la región.

 En vez de ensayar bufonadas, el ministro Montaño debería ocuparse de asuntos serios y trascendentes como impulsar o acompañar, desde su despacho, las investigaciones por los movimientos aéreos sospechosos del último tiempo en los aeródromos La Cruceña y El Trompillo, con probables nexos con el narcotráfico. O de la impunidad que rodea la tragedia de LaMia que hace casi seis años le costó la vida a 71 personas, cuando un avión de esa línea salió de Viru Viru hacia Colombia, en vuelo fatídico que nunca jamás debió ser autorizado en un aeropuerto boliviano.

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