Opinión

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Cara a Cara

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7 de agosto de 2022, 4:00 AM
7 de agosto de 2022, 4:00 AM

En su lucha finalmente solitaria por un censo ‘oportuno y transparente’ con beneficios para todos los bolivianos, -incluyendo a aquellos en desacuerdo con que se lleve a cabo en 2023 y respaldan su realización un año más tarde, -tal como el Gobierno lo ha oleado y sacramentado por decreto-, Santa Cruz volverá a paralizar sus actividades. Lo hará por 48 horas entre este lunes 8 y martes 9 de agosto. El resto de los departamentos del país se mantendrá a la expectativa. Esperando a ver cómo les va a los cruceños en sus santas rebeldías, pese al bloqueo salvaje e impune de sus carreteras por ‘interculturales’ movilizados tras el botín siempre apetitoso de fértiles tierras orientales. De buena fe, hombres y mujeres de estas llanuras siguen firmes en la lucha por sus ideales, a pesar de advenedizos y miserables empeñados en llevar agua a su propio molino distorsionando la realidad.

 Las razones son las mismas del paro cumplido durante 24 horas el pasado 25 de julio. Al igual que el ya inminente, pudo y debió haberse evitado. Pero la crónica sordera gubernamental impidió escuchar la demanda planteada para su discusión y esterilizó la búsqueda de soluciones en base al diálogo. Un diálogo que respecto al Censo de Población y Vivienda, manoseado en su fallido proceso preparatorio por el INE, fue solicitado insistentemente por la dirigencia cruceña con un simple pero justificado motivo: El de recibir una explicación técnica en la que se fundara debidamente la postergación de la encuesta nacional. Señor presidente, ¿era mucho pedirle?

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