Opinión

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Cara a Cara

19 de agosto de 2022, 4:00 AM
19 de agosto de 2022, 4:00 AM

Una estudiante que volvió a Arabia Saudí de vacaciones fue condenada a 34 años de prisión solo por haber retuiteado algunas publicaciones de disidentes y activistas. Salma al Shehab se llama la estudiante, madre de dos niños pequeños. Pero no solo es eso: cuando cumpla los 34 años de cárcel nada más que por retuitear un post, ella estará prohibida de viajar durante otros 34 años. Eso se llama justicia islámica, o mejor, islámica nomás, sin ‘justicia’.

 En Nueva York, Hadi Matar, el joven de 24 años que apuñaló diez veces a Salman Rushdie en el cuello, el vientre y el rostro, dice que no leyó más que dos páginas del libro Los Versos Satánicos, y se declaró sorprendido de que el escritor británico hubiera sobrevivido a su criminal ataque. El hombre, de apellido Matar, se declaró inocente del cargo de intento de asesinato. Otro cínico, fiel obediente del fundamentalismo islámico terrorista.

__ Por aquí cerca, otro radicalote, el dictador nicaragüense Daniel Ortega (a su lado Somoza de su país, Pinochet de Chile o Videla de Argentina eran abanderados de los derechos humanos) tiene la desfachatez de exigir a Argentina que devuelva el avión venezolano-iraní retenido con 14 venezolanos sospechosos. ¿Qué tiene que hacer Ortega reclamando por un asunto que no es suyo en absoluto? Simple: está cumpliendo órdenes de Maduro y Cuba, esos socios peligrosos que a su manera desparraman otro totalitarismo, el populista dictatorial corrupto, en la región latinoamericana. Así está el mundo. Así gira, y no hay dónde bajarse.

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