OpiniónOPINIÓN

Cara a Cara

25 de agosto de 2022, 4:00 AM
25 de agosto de 2022, 4:00 AM

En vez de condenar rápidamente a la profesora, como sistema educativo, como sociedad y como familia, habría que preguntar: ¿Cómo es la educación sexual en los colegios? ¿Qué se enseña? ¿Se habla del tema y en qué tono? ¿Por qué hay tantos embarazos precoces? ¿Por qué siguen las violaciones grupales? ¿Y por qué las jovencitas encinta siguen recurriendo al aborto? Esto debería llevarnos a asumir una responsabilidad social. Es más fácil criticar. Es más fácil condenar. Lo que cuesta es mirarse al espejo y aceptar que tenemos mucho que hacer.

 Un padre denunció a la maestra que pidió semen a sus estudiantes, se hizo el escándalo y llegó la condena social. ¡Vaya mensaje que se da a los jóvenes y niños! Prohibido equivocarse. Prohibido osar salir de los esquemas tradicionales y controlados, porque corres el riesgo de que ‘te corten la cabeza’. Nadie averiguará tus razones, solo te sancionarán de manera ejemplarizadora. Y se puede estar en desacuerdo con la conducta de la docente, pero lo que queda en evidencia es que cuesta reflexionar sobre los hechos y explorar qué mensaje de fondo llega a través de ellos.

El Estado boliviano es un Estado persecutor, que piensa que los problemas se resuelven a punta de procesos penales, envíos a la cárcel y muerte civil. Eso sí, siempre que el acusado no sea del MAS. Nadie, ni el Ministerio Público, ni el Servicio Departamental de Educación ni la Defensoría del Pueblo se ocuparon de conocer el mar de fondo que hay debajo del pedido de semen a los estudiantes durante una clase de Biología en una escuela de Minero.

Tags