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Cara a Cara

1 de septiembre de 2022, 4:00 AM
1 de septiembre de 2022, 4:00 AM

El sueño cruceño existe y es de libertad para ser. Lo dice una paceña migrante, que puso en la mochila familiar las esperanzas de mejores días hace 36 años. Lo testimonian los ciudadanos de Bolivia que llegan de a miles cada mes. Profesionales o no; mujeres y hombres, jóvenes que buscan oportunidades, etc. Son muchos los que llegan y muchos los que planean llegar en un futuro cercano. El verde de la naturaleza, el clima cálido y amable son factores de atracción. Pero el imán es la sensación de libertad y el impulso para emprender. En suma, saber que el éxito tiene que ver con el esfuerzo propio y no con los favores políticos de un Estado cada vez más asfixiante.

 Las cifras de Santa Cruz son inmensas. Puntea las exportaciones no tradicionales; tiene la mayor tasa de crecimiento poblacional y se expande la mancha urbana. También tiene cinturones de pobreza y problemas como los avasallamientos de tierras, que intentan bloquear el crecimiento económico. A Santa Cruz, por sus números y sus pasos gigantes, le ponen muchas zancadillas. Y a pesar de tantos obstáculos, esta tierra se fortalece.

Las tensiones son creadas por los políticos. Los cruceños (nacidos y llegados) siguen adelante. Con los brazos abiertos, con la banda y taquiraris. Con alegría y en paz. Eso es lo que no entiende el poder occidental, acostumbrado a los ceños fruncidos y las protestas donde lo que abunda son dinamitas y gases lacrimógenos.

Es un honor vivir en Santa Cruz y poner un granito de arena para que siga adelante, tomando impulso cada vez que aparece una piedra en el camino.

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