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2 de septiembre de 2022, 4:00 AM
2 de septiembre de 2022, 4:00 AM

Distancias evidentes. Las diferencias entre el presidente Luis Arce y el jefe cocalero Evo Morales dejan pruebas casi cada día. El jueves 25 de agosto, durante la marcha de apoyo al Gobierno, se vio una silenciosa disputa entre ambos para demostrar quién iba por delante. El discurso de Morales fue interrumpido por el canal del Estado (del Gobierno sería más propio decir), que prefirió cortarlo en plena intervención y cambiar a un despacho irrelevante de uno de sus periodistas.

 Ayer Morales se lo reclamó a Arce en un acto público: le pidió al ‘hermano presidente’ que le diga al gerente de Canal 7 que no le corte su intervención como lo hace cada vez que él tiene alguna alocución, y le pidió ‘libertad de expresión’. En respuesta, Arce, que se había reído durante el reclamo, le dijo al ‘hermano Evo’ que no sea susceptible, que hay dos señales, que en la 7.1 hay restricciones para todos y que en la 7.2 se transmite absolutamente todo. Se hablaron de ‘hermano’ a ‘hermano’ a tres metros, pero había kilómetros de distancia entre ambos.

El fin de semana, tres días después de la marcha en La Paz, Morales dijo que en dos años de gestión de Arce no hubo obras, que en la marcha no había mando, que nadie sabía dónde acomodarse, que se improvisó todo, que él tuvo que ordenar un poco para hacer la marcha, que no había ningún representante del Gobierno para organizar. Detrás del tono amable y en apariencia transparente en que hablan los dos ‘hermanos’ hay más oscuridad que detrás de las gafas de sol del hermano Evo.

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