Opinión

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Cara a Cara

5 de octubre de 2022, 9:06 AM
5 de octubre de 2022, 9:06 AM

Las imágenes de vecinos, con picotas, palas y azadones en mano, supuestamente autorizados para arrancar los adoquines de un paseo público para llevárselos a su casa, se hicieron virales en las últimas horas. Han ofrecido una degradante imagen de Santa Cruz de la Sierra, la capital de la región más grande e influyente del país. Una imagen que se traduce en el estado de indefensión y abandono de una ciudad administrada bajo abrumadora incompetencia y ultrajada por abusivos como los que atentaron contra bienes que los contribuyentes pagan con sus impuestos.

Un concejal opositor en conocimiento del escandaloso e insólito hecho, procuró explicaciones de algunas autoridades edilicias de las que, sin embargo, recibió respuestas vagas o contradictorias. Lo más probable es que quede sin esclarecerse y sancionarse la salvajada perpetrada a la luz pública. En las mismas narices de autoridades que parecen incapaces de evitar el ultraje contra la urbe cruceña.

Un ultraje que viene aparejado de problemas estructurales que se mantienen desde tiempo largo, pese a reiterados compromisos de resolverlos. Como los del libre albedrío con que dos poderosas organizaciones, transportistas y gremiales, que en medio del caos vehicular, de la ocupación arbitraria de áreas públicas, del desorden y de la suciedad que provocan, realizan sus actividades anteponiendo sus intereses a los de la comunidad. Lo hacen impidiendo que se generen condiciones mínimas e indispensables para mejorar la calidad de vida del cada vez más extenso, caótico y desaliñado vecindario cruceño.

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